No me juzgues – @JokersMayCry

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[ Escrito con @Moab__ ]

Por favor, no me juzgues allá donde estés con esa mirada triste donde murieron ahogados tus sueños en océanos de lágrimas. No, te lo suplico… no me juzgues por favor, no lo hagas… que ya he hecho yo de jurado, juez, verdugo y estoy cumpliendo años en soledad como condena…

Huí de ti como las ratas de los barcos, escondiéndome en los sucios rincones oscuros de excusas que nunca serían suficientes para aplacar la gris decepción en tu mirada de dulces ojos color rama de roble centenario. Esa mirada, a la vez risueña y seria, brillante de luz de estrellas, llena, hasta ese momento, de motas color verde esperanza y la luz de un sol cuyos rayos bañaban cada mañana nuestros cuerpos desnudos enredados entre sábanas manchadas de promesas.

Ni siquiera tuve el valor necesario para decirte que me iba, que el pánico había vencido a este endemoniado corazón enfermo de cobardía mostrándole imágenes de noches en vela, de gritos de dolor y lágrimas de impotencia, de tu cuerpo en declive, de bastones, camas de hospital y sillas de ruedas. Que no podía hacerme a la idea de ver tu carne inmóvil mientras tu alma llora encerrada en esa cárcel de muerte en vida que se niega a dar un paso más. Que no iba a ser capaz de ayudarte a morir, como me pediste, cuando tus propias fuerzas no fueran suficientes para quitarte tú mismo la vida.

Me fui mientras dormías para que tu dolor no me juzgara, para que tus lágrimas no me condenaran a vivir dentro de un sentimiento de culpa por abandonarte a tu suerte con una enfermedad que te iba a ser más fiel que lo que nunca te fui yo. Sentimiento de culpa que, irónicamente, ha sido mi compañero de piso desde el momento que atravesé la puerta y salí a la fría noche de aquel inverno en primavera.

Ahora, en esta última mañana, me miro al espejo y te vuelvo a ver en mis ojeras color bofetada, en el entramado de arrugas que surcan un rostro, no hace mucho, terso y ruborizado bajo el roce de tus labios. Te veo también entre las últimas letras emborronadas, salpicadas de lágrimas que me has dedicado con tu último suspiro:

<<Sigues siendo la única persona de la que quiero despedirme. Y también la única a la que no puedo dejar atrás. Te perdono, amor mío. Puedes dejar de juzgarte ya.>>

Y resbalan las manos por la cerámica del baño acariciándola con la dulzura con que te acariciaron a ti el primer anochecer resplandeciente por las llamas de los fuegos fatuos de nuestra pasión. La acarician mientras mi cuerpo cae, dejando mis muñecas un rastro de rubíes en cascada que forma charcos delirantes en un suelo contra el que rebota mi conciencia, manchando esta carta con los últimos latidos de un corazón que se detiene porque siempre latió con tu pulso.

No me juzgues tampoco, amor mío, por no haberte sabido sobrevivir.

 

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