No me juzgues – @Imposibleolvido

Olvido @Imposibleolvido, krakens y sirenas, Perspectivas

Bueno, os voy a contar una historia, y como todas las historias puede ser ficticia, o puede ser real, sólo espero que termines de leerla antes de contestar al título de la misma…

Él consigue por fin una tarde entera libre, se ha inventado esta vez una reunión con unos clientes de la empresa en la que es gerente. Yo cuadro mi día intentando tener esa misma tarde libre, muevo horarios en el trabajo a mi antojo y lo espero.

Nos besaremos porque es así como nos solemos saludar, con todas las ganas acumuladas de los últimos, (tres, cuatro, dos, cinco días), nos abrazaremos sólo para sabernos a salvo, él pensará en ella, quizá con remordimiento, en mi mente sólo existe él.

Lo desnudaré lentamente,mientras le sonrío,me desnudará lentamente,mientras me sonríe.
Este es nuestro cuarto de juegos, nuestro espacio y nuestro escondite.
Aquí, juntos, somos nosotros.

Haré que toque el cielo con las manos, hará que olvide todo lo ajeno a mi piel. Gemidos, saliva y placer.

Y hablaremos al terminar mientras fumamos, para mantener el silencio apartado de nuestros oídos, reiremos, porque estaremos demasiado cerca de las lágrimas,sabiendo que hay que despedirse, pendientes a un reloj. Se siente muy solo, lo sé, por eso vino, por eso está aquí.

Aunque sé también que yo no tengo el sabor que debería, que no encajo en sus brazos como ella lo haría, tumbados en la oscuridad, se entiende: los dos nos sentimos muy perdidos, y juntos fantaseamos con que no nos encontrarán.

Despertaremos el uno entre las garras del otro,
yo cubriéndome las imperfecciones como si así las pudiese borrar a sus ojos.
Él pendiente a la hora que marca el reloj,
titubeante por si puede apurar quizá media hora más.
Nos diremos adiós, yo con este nudo en el estómago,
temerosa de que sea nuestra última vez, mientras sonrío
y lo echaré de mi cama, para que no se le haga más difícil.Tragándome las ganas de aferrarme a él y no dejarlo ir.
Él, mirando hacia atrás antes de salir, volviendo de nuevo
hasta besarme mil veces, pegar su frente a la mía y cerrar los ojos,
volviendo a alejarse hacia la puerta, girarse para verme una vez más,
quizás él también teme que sea la última…

Ambos somos adultos y consecuentes,
nuestros corazones no compran amor ni lo venden,
y no hay amor en estos encuentros, al menos,
eso es lo que nos repetimos el uno al otro en voz alta, para creérnoslo.

Volverá a casa, sabiendo demasiado bien que no es allí dónde quiere estar,
sintiéndose en una encrucijada,
mientras saluda a su mujer con un beso, sentirá que nos engaña a ambas,
y empezará de nuevo a buscar alguna excusa para el siguiente día.

Ella es su brújula, su presente y su guía, por mucho que yo sea su mapa.
Su vida planificada, sus reuniones de padres, sus cenas con amigos comunes,
sus domingos de paella y copa con los suegros…
Ella es su hielo en la intimidad, su soledad compartida,
sus últimos 15 años…
Nunca la dejará, ni aún con ese abismo entre ellos.
Sus hijos, su familia, su entorno…

Mientras tanto yo lo pienso demasiado a menudo,
descifrando este misterio que me lleva a él, no consigo dejar entrar a nadie más,
nadie llega a interesarme, no tengo la necesidad,
y en cuánto alguien se acerca más de lo aconsejable,
o empieza a caerme bien, yo misma lo alejo,
y me admito a mí misma, quizá para excusarme,
que ya he llegado demasido lejos con él para,
simplemente, darme la vuelta e ignorar lo que siento.

Nos sentaremos a solas cada uno en nuestra casa, solos de nuevo, cada uno en su rutina, en su cama,
echándonos de menos, con ansias, con hambre, con rabia,
con nada claro en nuestros corazones,
y lágrimas en nuestras mejillas cuando hablamos porque…
hasta dónde nosotros sabemos, el último unicornio hace tiempo que está muerto.

Conformándome con leer sus mensajes, a todas horas,
compartir duchas, risas, conversaciones en susurros,
llamadas de sos en momentos de agobios laborales,
que son atendidas al momento, en cuánto podemos,
ver su nombre en la llamada entrante y descolgar rápido…
(sonrisa automática en mi cara,calor instantáneo por dentro).

Y recibir con nerviosismo la hora y el día de nuestra próxima
cita, esperarlo, cuadrarlo, disfrutarlo, archivar el encuentro en mi
memoria para degustarlo hasta el siguiente.

Añorar su amor, sabiendo que no está disponible para mí
pero que sólo con él consigo. Soy culpable de querer a
este hombre, lo admito, y bien sabemos ambos lo mucho
que hemos intentado que no siguiera adelante la historia.

Pero aquí seguimos. Inevitablemente.

Ahora después de leer esta historia, dime, ¿eres capaz de juzgarlos?…
Después de saber que las infidelidades no siempre son buscadas, las historias de amor surgen sin buscarse, existen o simplemente son, a veces la vida te hace tropezar con alguien que te toca por dentro, que te hace feliz sin más, y que por más que quieras evitar lo que te provoca no puedes hacerlo. Nadie puede culpar a nadie de enamorarse, de sentir, eso son sentimientos que como tales no se pueden controlar.

Hay muchas noches en vela detrás de una historia así, muchas lágrimas y muchos reproches hacia uno mismo.

Así que por favor, no te atrevas a hacerlo: No me juzgues.

 

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