No me hables de futuros – @Netbookk

Ricardo García @Netbookk, krakens y sirenas, Perspectivas

Muy buenas, querido desconocido,
Empiezo así de familiar en primer lugar porque sé que nunca te has querido mucho y en segundo, porque si estás leyendo estas líneas es porque has regresado a casa, ese lugar que, todavía, no has querido convertir en tu hogar.

Pero antes de nada, ¿recuerdas la pregunta que te incitó a marchar? Supongo que no, porque siempre fuiste de memoria corta. Para algunas cosas está bien, pero para otras, amigo, está fatal… No te preocupes, te la repito: ¿Cómo podemos atrevernos a medir de nuevo el tiempo, cuando todo el pasado es decepción, el presente ausencia y el futuro se nos antoja incierto?

¿Recuerdas aquella cena? ¿El punto de inflexión? ¿Lo que sucedió en el coche de vuelta? Supongo que sí, hay detalles que resultan muy difíciles de olvidar. Como cuando “nuestros problemas” pasaron a ser “tus preocupaciones” o si en el momento de tomar decisiones difíciles, estas se resuelven alejándose de “tus” dificultades. Tantos pequeños detalles… Importantes, sobre todo, cuando se rompe, de golpe, la presa de las emociones y desbordan todas a la vez.

Ella hacía como que estaba allí cuando todo reventó y su presencia, habrá anclado algunos recuerdos a tu memoria ¿verdad? Aunque sólo sea porque las decepciones generan recuerdos que pinchan pero nos ayudan a recordar con meridiana claridad.

Pero dejemos el pasado, ahora mismo no puedo saber cuánto tiempo ha pasado desde aquello, cuanto futuro de entonces ha devenido en pasado llegados al momento presente. De lo único que sí estoy seguro, es de que tú no eres la misma persona que se fue.

La vida es un viaje continuo donde, a veces, se nos pone a prueba de forma excesiva, casi cruel. Soy el menos indicado para criticar tus razones al marchar. En menos de un año, tu vida empezó a cojear como un taburete viejo. Primero por la pata de la convivencia, un barco que nunca había terminado de tomar un rumbo claro y que ya llevaba muchos años haciendo aguas por todos los lados. Si a eso le sumamos que la crisis económica, y una serie de catastróficas desdichas, pusieron al borde del abismo la empresa donde trabajabas desde hacía tanto tiempo… Era lógico que te rompieras en mil pedazos.

Y tan temido día llegó, pero no como esperabas… Suele pasar.

Ya habías resuelto el tema laboral, los escombros de esa difícil etapa, estaban retirados; ya eras un parado más, uno de los muchos millones de víctimas del sistema. Entonces, ocupándote de la otra pata del taburete,  decidiste marchar de aquella casa que era más una tumba que un hogar, un soleado día de finales de verano.

Será el karma, pero justo al día siguiente llegó la llamada inesperada: un antiguo amigo ofreciéndote trabajo en otro país y, esa casualidad, te abrió los ojos. Un proyecto temporal, lejos de todos y de todo lo conocido. La idea era tentadora y te hizo recordar aquel viejo sueño recurrente en el que volvías al barrio que te vio nacer, después de tanto tiempo de haber salido de él… Aquella sensación de volver siendo ya otro…
Creo que es hora de hacer las paces contigo mismo. El proyecto ha terminado y, si has abierto el sobre y estás leyendo estas líneas, supongo que empiezas otra vida, pero en tu ciudad. En el camino, has podido tener tiempo de averiguar quién te quiere de verdad, en quién puedes confiar y en quién no. Así que, si estás leyendo esto es señal de que ya, todo puede volver a empezar. Por todo lo que has sufrido, no me hables de futuro. Supongo que ya no pierdes el tiempo soñando milongas y haces oídos sordos a los fantasmas que habitan en tu pasado… son unos plastas.

Sólo espero que la vida te haya enseñado la lección: el único tiempo del cual disponemos es el que estás usando en este mismo instante, así que haz lo que quieras con esta carta que tú mismo te enviaste en el pasado justo antes de partir, remitida a una dirección equivocada para que tardará un poco más en ser devuelta al mismo remitente para acabar en el fondo de un buzón repleto de ausencia y publicidad durante estos meses pasados.

Disfruta del regalo de la vida, ahora ya sabes que todo pasa…

Recuerda: ayer, hoy, era mañana. Así que no me hables de futuro.

Ya tardas en vivir, melón!

 

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