No me hables de futuros – @_Marla_Sercob

_Marla_Sercob @_Marla_Sercob, krakens y sirenas, Perspectivas

Tenía pensado escribirte.
Buscar las palabras perfectas para hacerme entender
y sobre todo para que tú me comprendieras.

Pero hoy es uno de esos días
en los que estoy cabreada con el mundo y contigo,
sobretodo contigo
y además estoy bebida
y así no hay manera.

Así es que llegado a este punto,
lo más correcto es decirte
que te den por culo a ti y a todos los que antes cómo tú.
Qué todavía no te has enterado
de que esto no va de negarte a ti mismo que pudimos ser uno solo
aunque siempre sumásemos dos.

Porque el amor no es joderme la vida a polvos,
ni romperme el corazón cerrando tus ventanas y puertas
ni tampoco va
de que no me dejes pasar casi nunca
más allá de tu piel
y de todas tus malditas sábanas.

Y hoy, por culpa o gracias
a unas cuantas copas de más
me atrevo a decirte que todo tú
te resumes en un miedo irracional
que te da este incendio provocado,
que temes poner pasión en cualquier cosa,
por si te da por vaciarte de una sola vez
y luego no sepas con qué llenarlo.

Pero lo que más miedo te ha dado siempre
es que pudiéramos conocernos como somos de verdad,
que tuviéramos absoluto conocimiento de nuestras carencias,
que nos desnudásemos de piel para dentro tanto
que todavía así, ambos y sobre todo tú, siguiéramos con ganas de quedarnos.

Porque para qué te enteres,
en la vida hay que estar dispuesto a dejar de lado el libro de instrucciones
y tú querido –y jódete por lo de querido –
de cojones
y de creatividad
andas bastante escaso.

Joder, perdona, no pretendía…

ya te he dicho que estoy algo bebida y…

Lo mejor será que te diga adiós
porque ya no hay nada que decir,
quizá porque nunca ha habido nada.
Sólo se equivocó mi piel al elegir tu piel
y yo
simplemente me equivoqué al quererte

pero creí que tú

eras de esas personas que llegan en el momento justo de saltar
para tomarte de la mano
y ya ves,
soy yo la que se tiene que poner a salvo de tu cobardía,
de ese frenar en seco ante cualquier acto suicida,
de ese continuo pretérito imperfecto en el que vives instalado.

Porque jamás he conocido a alguien que
llegando una sola vez,
se pudiera marchar tantas.

Nunca he sido nadie para dar lecciones
pero para vivir hay que acercase mucho a la vida
y eso es lo mismo que estar en constante peligro de muerte
pero tú, como siempre, seguirás guardando la distancia de seguridad
y nunca dejarás huella en nada.

Por eso, cada vez que tú me hablabas de futuro
lo hacías con esa poca vehemencia tan tuya,
con esa tibieza que se hacía nudo en la garganta
y contigo cualquier cosa
desde el principio ya formaba parte del pasado.

La cobardía es una factura que al final se paga caro
y yo me he arruinado por saldar tus cuentas.

Adiós por última vez.
Son las tantas de la madrugada y necesito otra copa
que me has dejado regusto a cobarde
porque no sé cuánto tiempo llevo aquí parada hablándole a tu puerta
contigo al otro lado,
como siempre.

En la distancia.

Pero antes de irme te diré
que me rindo.
Que aquí te lo dejo todo,
tu boca,
tu olor,
tu piel,
tus eternas dudas
y todos tus malditos candados

y sobre todo, mi hambre

para que el próximo que venga
me encuentre sin un solo resto de ti
pero con mis miedos intactos
por si le da por, y sin pensarlo, unirlos a los suyos.

Pero te juro que cada vez que me hable de futuro
le callaré la boca a besos
pero si por un momento se me olvida y…

si durante un segundo no me doy ni cuenta y lo hace

le diré con más miedo que vergüenza
“bésame y no me hables de futuro, pero si lo haces ten cojones y llévame contigo”.

Por cierto, por si te da por abrir cuando me vaya
te pido disculpas por lo del felpudo de tu puerta,
quizá no debería haber bebido tanto.

O tal vez sí.

 

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