No me hables de futuros – @alasenvuelo

Yamile Vaena @alasenvuelo, krakens y sirenas, Perspectivas

El oasis me ahoga, pero no es mi culpa. ¿Quién diría que el paraíso me hostigaría? ¿Quién diría que ella me traería aquí? Nunca fue lo que yo pensaba.

Todo comenzó sin darme cuenta, así es como empiezan las historias de perdición; cualquier demonio hubiera bajado la guardia y yo no era la excepción. Me dejé llevar por su mirada furtiva, su incesante canto de deseo, su aroma y esa maldita risa celestial. Cuando me di cuenta, ya la había hecho mía, y ella, sin aviso, se había apoderado de mi esencia.

¡Era un ángel, ¡Claro! ¿Y cómo podría yo adivinarlo? ¡Bien hizo en ocultar sus alas cuando, como animales restregamos nuestros fuegos en nuestros cuerpos, fundiendo para siempre la posibilidad de quedar ilesos. Nada volvió a ser como antes de tocarnos. El amor, maldito vicio inconsecuente, llegó con reverencia a nosotros y allí es cuando la verdadera mentira quedó tatuada en las almas.  Porque ella era un ángel: Inmaculado, bueno e insoportable y nunca me lo dijo, la maldita. ¿cómo no lo pude ver? ¿cómo logró engañarme?

En mi defensa, supo ocultar su virtud, olvidó su nombre mientras mis labios le provocaron mil orgasmos. La seduje, la penetré; todos sus recovecos fueron míos, me hizo gemir los quince infiernos entre dolor y placer. Y ella conmigo se fundió en el canto de fuego,  bebiéndome.

¡Un maldito  ángel! Ni el sexo más profano e irreverente calcinó más realidades que el nuestro. Nadie, nada se le parecía. Además, sin etiquetas, sin conocernos, la idea de no saber nada de ella, la posibilidad de inventar nuevos pecados en su piel, me excitaba aún más. Mi hermosa ninfa, adicta a mí, a mis embates, a que la cabalgara intermitentemente; que la llenara de mí.

Y la maldita… escondía sus  alas. Sabía que jamás la hubiera ni mirado de saber lo que era.

Antes de que  abriera los ojos, y entendiera su abominación, me tenía sumergido en el paraíso entre arpas celestiales y buenas acciones.  Aquí nadie tiene sexo, ni peca, todos son cursis, y canturrean ente nubes y arpas emocionales.

Y yo, ya no tengo voluntad. Soy un guiñapo de lo que fui. así que no me hables de futuros. ¡Pobre diablo! El ángel tuvo más trucos que el mismísimo demonio y me arrastró al verdadero infierno para siempre.

 

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