¡No me digas! (Dime, quiero saber) – @PoetaImpostor

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Dicen que del amor al odio hay solamente un paso que por lo general uno lo da sin siquiera llegar a darse cuenta. En mi caso te amé desde la primera noche cuando sin conocernos estábamos contándonos cosas que la gente que nos conoce hace años ni siquiera imagina. Te conté acerca de mis sueños, sobre mis fantasías, vamos, que incluso te conté sobre lo que había soñado la noche anterior —cosa que no suelo hacer con nadie— y desde aquel momento ha sido un aprendizaje absoluto.

Si me arrepiento diré que tal vez.
Si hubiera preferido estar en otro lugar antes que cruzarme contigo,
definitivamente.

Puedo decir y hacer cosas terribles para que me aborrezcas. Para que sientas que estás mejor sin mí. Puedo pretender las cosas que no soy con tal de que no vuelvas a llamar preguntando por mí. Puedo asesinar a la persona que conociste antes con tal de que encuentres a alguien más que te haga sonreír plenamente al darte lo que yo no pude, o lo que tú no me dejaste dar.

Y me duele.
Me duele. Me duele. Me duele.

Siempre agradeceré haber sido la mejor versión de mí mismo cuando nos conocimos. Las noches que pasamos hablando, las noches que nos reímos y nos ingeniamos a sumar mil horas a una noche de doce —Contigo « imposible » nunca fue un obstáculo—. Siempre agradeceré haber estado emocionalmente bien. Haber brindado, para ti, todo lo que tenía mi alma. Hubo un clic. Hubo un acercamiento más allá de las palabras, y las tentaciones, y la carne y la piel. Hubo algo más allá. Hubo sentimientos, y fe, y sueños y alma. Hubo todo lo que uno generalmente se esconde y se guarda para sí mismo. Siempre agradeceré haberme entregado por completo. Sé que no funcionó, que nos faltó un poco, sé que nos quedamos en hubieras y en suposiciones absurdas porque tal vez nunca más caminemos la misma vereda, ni correremos a escondernos de la misma lluvia, ni cruzaremos miradas con las mismas personas. Que tú estás allá, en otro mundo, en otro entorno,

y yo estoy acá, con un poquito de ti,
con mucho de nosotros.

Dicen que del amor al odio hay un paso. Es cierto. En algunos momentos llegué a odiar amar tanto. Llegué a aborrecer una parte de mí que necesitaba tu nombre antes que al oxígeno, a repudiar mi cuerpo que cada noche pedía al tuyo, llegué a negarme la oportunidad de conocer a alguien más porque eras tú y me detenía en el conteo. Pero algo que nunca haré será odiarte. Al contrario. Siempre estaré agradecido a quien te haya puesto en mi camino. Contigo valió la pena salir un rato del ateísmo para creer y orar y dar gracias a tu sonrisa. Me hiciste mejor, y peor a la vez.

Confieso que me muero de ganas por buscarte, por hablar contigo y preguntar si en alguna ocasión volveremos a ser.— Te juro, pondría mi vida en espera si me dijeras que sí —pero sé que no hay diferencia entre seguir pensando en ti y soltarte, si cuando se podía, los dos bajamos los brazos para rendirnos.

¡No me digas!
(Dime, quiero saber)

 

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