No lo pienses – @Macon_inMotion

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Un chaval de apenas treinta años salía a empujones de un bar. Las palabras del camarero resonaban fuertemente en su cabeza, como un mantra. Tenía que salir de allí, tenía que salir del garito a cualquier precio. No huía de nadie y hasta hacía treinta segundos del único que huía era de él mismo. La gente le miraba indignada pero se apartaba, con miedo a increparle. Tal era la decisión de su mirada. Unos pocos segundos más y estaba fuera. Ni siquiera era consciente de haber subido las escaleras que llevaban hasta la calle. Una ola de frío le golpeó en plena cara haciendo ondear su fina corbata, como el jirón de una bandera derrotada.

-Ponme otra.-

-Claro.-

-Gracias.-

Miró repetidamente a ambos lados de la calle, orientándose. Era de noche y el alcohol rugía por sus venas. Sus zapatos tomaron una decisión y empezó a correr, dejándose la vida en cada zancada, en cada exhalación, en cada metro recorrido. La ciudad había pasado a conertirse en un atrezzo desenfocado y confuso. Un enorme maremagnum de luces y sonidos. Pero él seguía corriendo. Cada latido se acompasaba con cada paso, con cada golpe en el asfalto.

-¿Estás bien, chaval?-

-Eh… sí. Sí, sí. …¿Me pones otra?-

-Faltaría más.-

Antes de que pudiera darse cuenta estaba sudando. Y hacía frío. Claro. Era noviembre. Se sorprendió a si mismo encorvado, con las manos en las rodillas, jadeando. Se había detenido, sin resuello. -¡No!- pensó. -No puedes parar ahora. Sigue corriendo.-

Un pequeño grito ahogado se le escapó cuando reanudó la carrera. De pronto, una enorme pitada. Habían estado a punto de atropellarlo. Ni si quiera miró atrás. Para qué. Correr. Sólo correr. Sólo seguir corriendo. Ningún otro pensamiento ocupaba su cabeza. No podía permitírselo.

-Cuidado chico, la bebida no soluciona una mierda.-

-…

-¿Te la lleno?-

Pasos de cebra, semáforos, farolas, coches, gente. Cada vez mas borroso. Trastabilló. Tuvo que apoyarse en un contenedor para no caer. No lo conseguiría. Todo le daba vueltas. Vomitó. En medio de la calle. Como un perro. Tres chicas le miraron, asqueadas, al pasar a su lado. Empezó a golpear el contenedor de pura rabia con las traidoras lágrimas colándose por entre los dientes apretados. Tras unos segundos, sólo unos segundos, se serenó. -Calma, hostias.- su respiración era entrecortada. No lo conseguiría. No lo conseguiría, pero eso no iba a hacer que se rindiera de antemano. En su cabeza brillaban, como una farola en medio de la tormenta, las últimas palabras que le había dicho el barman. Miró su reloj y un rayo de determinación le iluminó los ojos. Quizas… Miró a su alrededor. Reconocía la plaza donde estaba. Volvió a mirar el reloj. Quizás… No había tiempo para parar. Tenía que seguir corriendo.

-Ponme otra.-

-Chaval…

-Da igual… ponme otra.-

Ya lo veía. Al fondo. Frío. Allí estaba. La estación de tren. Unos metros más y estaría allí. Casí estaba. Miraba el reloj en plena carrera. Un enorme silbido anunciaba la salida inminente de un tren. De nuevo miraba el reloj. -No, no ,no, no, no.- pensaba. -Ahora no.-

La entrada cada vez estaba más cerca. Fugazmente vio su reflejo en un escaparate. Menudo cuadro. La camisa empapada por el sudor, despeinado y apestando a alcohol. Estaba dentro. Estaba en la estación. Casi estaba. Un vigilante de seguridad le miraba y había empezado a andar hacia él, receloso. -Mierda.- pensó. Las puertas del tren aún estaban abiertas. Nadie podría interponerse entre ese tren y él. Sin dejar de correr, arrolló al vigilante y ambos calleron al suelo. el tren silbó de nuevo. Tan cerca y tan lejos. Haciendo acopio de sus últimas fuerzas, se levantó y antes de que el vigilante reaccionase, entró en el tren, justo cuando las puertas se cerraban y la máquina se ponía en marcha.

-¿Te sirvo otra, chaval?-

-…sí… qué más da… sí.-

-Pero chico, ¿tú la quieres? …si es así, no lo pienses.

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