No hay cojones – @Mous_Tache

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Intento volver a situar mis ojos en sus órbitas mientras remuevo el café con manos temblorosas, tengo la boca seca y la cabeza me va a explotar. Ha salido el sol, y el leve calor que irradia me produce una sensación molesta, de desazón. La ciudad comienza a despertar. Las gaviotas revolotean a pocos metros del agua emitiendo su sinfonía característica. Algo va mal. Donde debería estar no hay playa.

El camarero me ha traído el desayuno que acompaña al café, habla mi idioma aunque con un acento gracioso impropio de mi entorno. Gaditano, malagueño o granadino, no sé diferenciarlo. Puede que no todo esté perdido.

No sé muy bien cómo he terminado aquí. Afortunadamente aún quedaba en mis bolsillos el dinero suficiente para adquirir la bendita primera comida del día y el más bendito primer humo de la mañana. No soy consciente de qué ha pasado con mi cartera, mi teléfono y mis gafas de sol.

Hay letras que al juntarse en palabras y ordenar estas en una sucesión particular seguidas de un tono desafiante y una sonrisa pícara y amplia, no deben decírsele jamás a un digno sucesor de Rodrigo Díaz de Vivar, porque si él los tuvo hasta después de muerto yo no iba a ser menos, por mera cuestión genética.

Doce letras y tres palabras. Nada más.

– No hay cojones.

– ¿Que no los hay?, los hay, ¡y bien gordos! 

Y en estas me encuentro, algo desorientado pero aflorando la sonrisa a medida que comienzo a recordar momentos de lo ocurrido horas atrás.

Te veo aparecer a lo lejos, despeinado, con tu hortera camisa por fuera del pantalón mientras te acercas a mí,  gesticulando y con los brazos en alto.

– ¿Los había o no?

Me abrazas efusivamente. Los primeros viandantes del paseo marítimo nos miran con gesto de desaprobación. No encajamos dentro de su rutina matutina.

– Jajaja, los había, los había…

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