Música maestro – @Safronina0

Safronina0 @Safronina0, krakens y sirenas, Perspectivas

El temblor llegó un 11 de mayo de 1981, el mismo día que eligió Salvador Dalí para nacer y 77 años más tarde, Bob Marley para morir. La tierra se abrió y las entrañas de mi madre también dos meses antes de lo previsto. Y ahí estaba yo, soltando mis primeros berridos sin poder abrir los ojos y respirando el aire por primera vez.

Pase el primer mes de mi vida en una incubadora. 34 años más tarde, mis padres me cuentan como bajaban todos los días al hospital a verme, como las enfermeras me peinaban, porque a pesar de mis escasas horas de vida ya tenía un fuerte pelo negro y los ojos oscuros, grandes y brillantes.

Con apenas dos meses, ya en casa, por las noches no podía dormir, y mi padre se acurrucaba conmigo en el sofá, mientras me arropaba con una manta de cuadros que aun guardo, y ponía de fondo un concierto de Europe grabado en una cinta «beta».

Nadie se daba cuenta, pero mi vida estaría ya supeditada a su presencia o ausencia.

Recuerdo una infancia feliz, correteando con mis primos entre los árboles en la finca en casa de la abuela, hasta la llegada de aquel extraño predicador cuanto contaba con apenas 10 años, y cambié las muñecas a las que cortaba el pelo por una guitarra, y los cuentos por entramados de corcheas. Las tardes en el pozo comentando los contratiempos de las guitarras y las bandurrias.

Los estudios ganaron el ritmo y la guitarra pasó a ser un elemento decorativo de mi casa.

Pasaron noches en vela, comiendo techo, perdida entre manos de más de un desconocido, y algún que otro conocido que hizo de mi casa su hogar, bailando tangos en medio de calles desiertas para después hacer una mudanza completa al infierno sin preaviso ni carta de admisión.

La soledad quiso cantar conmigo y hacerse protagonista de esa banda sonora que solo yo iba a interpretar, su afán de protagonismo no ganó a mis ganas de supervivencia y tuvo que conformarse con hacer los coros.

Temple mi voz desafinada para hacer del vibratto  la estabilidad constante del volar de un pájaro atravesando una tempestad, hasta que llego el sordo bombo electróntico del sintetizador.

El mundo se tiñó del azul mar que es capaz de residir en unos ojos. Del abandono a la desvergüenza de cantar no solo en la ducha. De la partitura inacabada a la que das mil vueltas una y otra vez sin cambiar ni una sola nota. De la calma del crepitar de la leña ardiendo. …………………..

De plantarme frente a ti, ponerme de puntillas y besarte.

Porque si el destino te roza y tiene manos de director de orquesta solo puedes levantarte y decir: música maestro.

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