El mundo al revés – @Netbook + @_cara_cola

Ricardo García @Netbookk, krakens y sirenas, Perspectivas

¿Me preguntas que es para mí “ser real”? ¿Así, sin anestesia…? Y añades, “ya sabes, en un mundo al revés. Donde los amigos son los que no conoces. Y a la vez son los que están en tu vida, porque saben cuando necesitas una mano a la que aferrarte, pero no son las personas con las que te tomas una caña los domingos. Mientras que esa palabra, la de conocer, la utilizas para describir cómo te sabe alguien que te entiende, pese a no haberte mirado nunca a los ojos”

— ¿Qué es ser real en este mundo virtual? — le preguntas al viento en voz alta…

Pero a esa pregunta no es posible responder de forma ordenada y sensata, al menos yo me siento incapaz, porque la vida no lo es. Para mí, ser “real” es poder agarrarme a ti después de un mal día, o simplemente porque nos apetece. Que notes como, para poder dormir, mi mano aferra con avaricia uno de tus pechos, sintiendo el latido de tu corazón, como si mi propio ritmo cardiaco dependiera de ello. Un día cualquiera sentí la necesidad de coserme al ombligo un nuevo cordón umbilical. Y este es físico, tangible, puedes tirar de él. Notar como respiras y hasta roncar es real. Escuchar que te tiras un pedo, mientras te sonrojas, o te rugen las tripas disimulando la tamboreada que anuncia tormenta, la del mal humor que hace de ti una fiera cuando tienes hambre. Notar como, en invierno, buscas mi calor de forma interesada, mientras que en verano solo me tocas a distancia porque sigo siendo una estufa. Tan humana, tan mundana.

Ser real es despertarme en mitad de la noche y no querer volver a cerrar los ojos, sabiendo que tengo suficiente en mi cupo de sueños con poder verte dormir así, de cerca, a mi lado. Y llorar bajito dando las gracias a mi buena suerte.

Eso es ser real.

O, lanzar la mano, en busca de tu culo y escuchar el ruido cuando te lo pillo, saliendo del baño recién duchada y desnuda. Pararme a besarte en mitad del pasillo, sin que venga a cuento de nada, lanzar por el aire tu muralla de dudas a base de besos, para luego seguir mi camino como si no te conociera, mientras te dejo con las rodillas temblando y las bragas mojadas; ese hacer de tu ropa interior un poema.

Que me ataques por detrás en la cocina, metas la mano por debajo del delantal hasta encontrar lo que buscas en mis pantalones y hagas que… se me corte la mayonesa, sólo por el puro placer de escucharme gemir. Y luego te marches riendo por lo bajito dejándome agarrado al trapo de la cocina para no caer.

Pero también es quedarnos callados delante de un atardecer, sentados en la barandilla del paseo marítimo, mientras el viento juega con tu pelo.

Ser real… Vaya quimera.

— ¿Y para ti? Dime… ¿Qué es ser Real? — te reto, desafiante…

— Yo, Caracola, en la intimidad de nuestras cuatro paredes, ese mundo que hemos levantado mano a mano, soy real cuando se me acelera la respiración al escuchar tu voz. También cuando me angustio porque no puedo marcar en rojo en el calendario el día en que por fin te tocaré — me contestas con tu voz suave y yo me quedo mirándote, completamente embobado. — Y soy real cada vez que lloro porque ese llorar no puedo hacerlo sobre tu hombro; cada vez que digo te quiero y no lo escuchas y nunca tan real como cuando me contestas: “yo también”.

Es todo eso, sí. Y mucho, muchísimo más. Ayer, hoy y mañana fuimos, somos y seremos reales. Porque la realidad está hecha de lo que construye los días. Real es el olor a café y fruta fresca en la mañana mientras me escurro de tus manos porque llego tarde. Es tender juntos la ropa, aunque luego sea maniática y la separe por géneros. Discutir a veces por tonterías, reconciliarnos y besarnos como locos al darnos cuenta de que hemos perdido el tiempo, disfrutando de la victoria compartida. Es dejarnos llevar por la tristeza viendo una película o reír a carcajadas en mitad de la calle mientras llueve. Saber compartir un bocadillo de lomo con queso cuando toca y en ocasiones darnos un homenaje. Yo con mi mejor vestido y tu guapo solo para mí.

Es pasear por nuestro Madrid sin rumbo dejando que la primavera nos altere la respiración y hasta el pulso, sin importar ni dónde ni cómo. Que el calor nos pille confesados. Limpiar la nevera entre los dos. Llenar el coche con muchos trastos o con cuatro cosas, porque juntos nos sobran los motivos y salir a la aventura tan sólo por el placer de estar juntos.

— Ser real siempre es una ilusión, — contesto, mientras te miro en la pantalla.— Lo único que nos vale es hacer, entre los dos, de cada instante que podamos estar juntos, un nuevo sueño. Ahora, sigamos soñando cariño que lo podemos hacer realidad cuanto antes…

— Buenas noches amor. — te digo, sonriendo a pesar de la distancia, antes de apagar la pantalla.

Escrito al alimón, en la distancia virtual, con @_cara_cola

 

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