Morir en Tánger – @tearsinrain_

Tearsinrain @tearsinrain_, krakens y sirenas, Perspectivas

Se puede morir en Tánger sin haber estado en Tánger.


Estimando cada punto del espacio junto con su coordenada de tiempo, se da lugar a un punto del espacio-tiempo, que puede llamarse de forma genérica “suceso”. Si estimamos cómo estos sucesos se siguen temporalmente unos a otros daremos con una línea del espacio-tiempo, denominada “historia”. Cada historia alberga un continuo de sucesos que van de un suceso inicial a un suceso final. Las diferentes historias que actúan en la suma de historias describe, no solamente el espacio-tiempo, sino todo lo que hay en él, incluido cualquier organismo complicado, como seres humanos. Puede ser que en una de las historias posibles no hayamos nacido nunca o que en otra los continentes se separaran de una forma diferente.

Extractos de artículos sobre la Teoría de la Suma de las Historias Posibles, desarrollada por el físico Richard Feynman.


Cruzo por última vez y aparezco dentro de una tumba, cerrada, viajando a bordo de un barco. Intuía que eso podía suceder, debido a los acontecimientos previos. Y como la protagonista de una película de miedo, a pesar de saber que subir las escaleras de la casa siguiendo el ruido no lleva a otro sitio que no sea a la muerte, no he podido evitarlo. Intento con todas mis fuerzas, las que me quedan, abrir la tapa, sin éxito. Esta situación, ya de por sí preocupante, se agrava por el hecho de que en un espacio tan reducido me es imposible volver a pasar. Luego grito. Grito unos cuantos “hola” y algunos “ayuda” que acaban por enrojecerme la garganta. He de decir que uno de los efectos más habituales en esto de mudar de dimensión paralela en dimensión paralela, es la sequedad en el gaznate. Otra es la flaqueza, la debilidad muscular. Así que por mucho que presione la madera lisa, que la golpee, al poco estoy jadeando y con el corazón latiendo a una velocidad dolorosa. Ahora, claro, correspondería hacer un flashback para explicar la razón o las razones por las cuales me hallo en tal tesitura.

Podría ponerme a explicar que un día, casi al azar pues no soy capaz de saber a qué se debió, fui capaz de pasar del mundo en el que vivía, a otro. No a otro planeta, cosa que ya se habrá deducido por lo que he dicho antes, sino a otro mundo, uno situado en un plano paralelo, al que se ha llegado porque alguno de los caminos tomados difiere, ligeramente, a los tomados en el mundo en el que me encontraba. Ese mundo, después de superada mi sorpresa y mi ataque de histeria ante lo que creía que era un primer síntoma, cruel y exagerado, de locura, descubrí que todos los cambios, muchos, se basaban en matices a simple vista imperceptibles. ¿Cómo supe que había cruzado a otra dimensión? Por los colores. Había una variación cromática ligera en los objetos, en el cielo, en la tierra, en mi ropa, en mi piel, todo tendía un poco más hacia lo rojizo. A partir de ese momento, después de recuperarme, cómo he dicho, fui capaz de ir pasando de un universo a otro casi a voluntad, simplemente me bastaba tener una excusa, por ejemplo: vaya mierda, necesito evadirme, y pum o plas o tachán. Descubrí que a cada mundo paralelo le sucede otro y que a mayor distancia del original, o del inicial para ser más precisos, más diferencias. Así, llegué a dimensiones en que nada tenía que ver con lo conocido: vi seres increíbles, viví donde la humanidad era un imposible, caminé por puentes infinitos, jugué con la gravedad y con la ligereza. Era algo vicioso, algo que por mucho que lo consumiera necesitaba más, una droga. Sin embargo, claro, a alguno de aquellos orbes les fui cogiendo más cariño que a otros. Me gustaba especialmente aquella en la que yo era un playboy ya que en algún momento de mi adolescencia decidí ser un tío jetas y me salió bien. A esas puertas o ventanas volvía a menudo. Entre los cientos o más de mil que vi, entre las decenas que me gustaron como para quedarme un tiempo, entre los pocos que me complacieron tanto como para repetir y repetir, uno de ellos o una de ellas, tuvo especial afectación e influencia. Y este es, precisamente, en el que he empezado mi relato, dentro de una caja para muertos, sin estar muerto.

Sé que estoy en un barco por el ligero vaivén y el sutil ruido de las olas. Puedo incluso precisar que el mar es el Mediterráneo ya que en esta vida todo ha girado alrededor de él. Sé que estoy en una caja para difuntos por la forma de ésta y porque está acolchada por dentro. El bote, sin duda, viaja de Barcelona a Tánger o de Tánger a Barcelona. Podría aclarar por qué no titubeo sobre esto, pero me llevaría demasiado tiempo, y tengo muy poco. Es más. El destino es Tánger, por eso estoy metido en una tumba. Y el oxígeno se va agotando.

Morirás en Tánger”, dijo. Y yo pensé que la mejor manera de evitar aquello era no ir nunca a Tánger. Pero creedme, el destino es muy cabrón.

El motivo por el cual este universo paralelo me fascinó tanto, no puede ser de otra manera, es una mujer. Oh, que clásico, que socarrón, que visto. Sí, sí, lo que queráis. Pero fue por una mujer. ¿Hermosa? Sí, sin pasarse. ¿Seductora? Sí, sin dramas. ¿Misteriosa? Desde luego, sin literatura. Olivia. Así se llama, o así es como se presentó una tarde de hace unos meses en una cena de negocios. Negocios turbios, pues una de las gracias de estar en un universo paralelo es que puedo hacer casi lo que quiera, y cuando la cosa pinta mal, zas o chas o clic, me voy a otro. Olivia tiene casi todo lo que mis heroínas de la literatura que no escribiré nunca necesita: es físicamente bonita, es elegante, inteligente, culta y siente o sentía cierta atracción por mí. Olivia representaba a una parte interesada en los negocios turbios y yo podía ofrecérselos. Negociamos, hablamos, intimamos, follamos, yo me enamoré y ella no.

Perdón, hay algo que he omitido y me parece importante. Bueno, tres algos. El primero es que mis dimensiones favoritas son esas en las que no existe otro yo, en caso contrario imaginad el marrón. El segundo es que necesito de cierta cantidad de espacio para poder pasar de un lado a otro, es decir, tengo que coger carrerilla o poder moverme de una forma brusca. El tercer algo que he omitido es que solo conozco a otra persona que pueda viajar entre dimensiones. ¿Adivináis quién? Bingo. Este detalle es importante ya que esta historia podía darse sin universos paralelos, es decir, yo podría ser un tío chungo metido en asuntos más chungos todavía y por eso acabar dentro de un féretro entre Barcelona y Tánger. Pero en mi vida inicial, en la del mundo que me vio nacer, crecer y convertirme en alguien de una mediocridad aplastante, un ser anodino e inapetente, un final así sería casi imposible. Cuando ella dijo que yo moriría en Tánger pensé: que te lo crees, bonita. Y ya os digo que se lo creía. Olivia, con su melena rubia y sus labios carnosos, con sus curvas, con su gestualidad y su cociente intelectual bastante por encima del mío, descubrió mi secreto, mi capacidad de moverme a mis anchas por las dimensiones, por todos los caminos e historias posibles, y de algún modo, otra cosa que no sé explicar cómo ocurrió, aprendió a hacerlo también, si es que no sabía hacerlo antes. Y me siguió. Es fácil seguir a alguien cuando solamente puede ir hacia la derecha, para alejarse cada vez más del mundo original, o hacia la izquierda, para acercarse. Claro que si me pasara yendo a la izquierda volvería a alejarme, pero por el otro lado, pues ese estadio inaugural de mi existencia está en medio, o al menos rodeado por ambos costados. Me estoy desviando, y el barco ha aminorado su marcha, llegamos a destino. A mí fatídico destino. Respirar empieza a costarme, me estoy asustando.

Olivia me siguió, descubrió mis crónicas predilectas y, al final, llegó a mi yo primerizo. La maldita gracia de la suma de historias posibles es que si eres listo, como ella, aprendes que tu historia posible es la variación infinita, o casi, de todos los cambios, de toda la sucesión de sucesos, valga la paradoja o no valga, me da igual, hasta un punto final. No, no me refiero al destino aunque antes he hablado de mi destino, soy contradictorio, de perdidos al río. Si eres tonto, como yo, no caes en ese hecho de manera que no ves una sucesión, sino un montón de puntos distribuidos y juegas con ellos como un niño con piezas de Lego. Ella, aprendió a montar las piezas, de manera que si quería que yo muriese en Tánger, solo necesitaba ir añadiendo o quitando para llegar a la forma que ella ha diseñado en su linda cabecita de orejas encantadoras. A cada bocanada, noto que es como si abriera la boca igual que los peces al ser pescados, allí tirados sobre la cubierta de una barquita encantadora de pescadores, abriendo la boca sin que entre nada. Me muero, justo ahora, que casi hemos llegado.

Si Olivia decidió que yo debía morir, fue porque, como he dicho, ella es lista y yo soy tonto. Al lado de alguien sumamente inteligente cualquiera parece tonto, también es cierto. Ya sabéis: amor y negocios nunca deben ir de la mano y menos cuando los negocios son las apuestas ilegales y el amor es con alguien como ella. Pensé que, gracias a mi don, podía extender mis tentáculos en otros de mis mundos preferidos, incluyendo el primero, y hacerme rico y poderoso en todas partes. Hice trampas, apañé resultados en hípicas y canódromos y partidos de futbol y de cualquier deporte y cosa en la que se puede apostar y os aseguro que se puede apostar en todo y más. Recordad que los cambios entre dimensiones que se tocan son muy pequeños, de manera que la cuestión era tan sencilla como ir introduciendo cambios minúsculos. El caballo ganador era el mismo en todas partes, pero a medida que me iba alejando, el caballo cambiaba de nombre, o de aspecto, era cuestión de saber cuál era el detalle modificado y, flasca o zasca o ñasca. Olivia, como buena heroína de la historia que nunca escribiré, resultó ser algo rencorosa y vengativa, vio mi chollo, en parte, una parte pequeña, ínfima, ridícula, conseguido aprovechándome de sus contactos y sus negocios. Me gustaría pensar, ahora que mis pulmones se vacían, que en realidad estaba dolida por no habérselo dicho, que me quería, me amaba, y se sintió traicionada. Me gustaría pensarlo, pero ya no queda suficiente oxígeno en mi cerebro para procesar demasiado, el barco se ha detenido y yo, moriré en Tánger sin haber estado nunca en Tánger.

 

Visita el perfil de @tearsinrain_