Miradas sostenidas – @netbookk + @_cara_cola

Ricardo García @Netbookk, krakens y sirenas, Perspectivas Deja un comentario

“Ácido, sorprendente, divertido”. Me has calificado así, al verme con el pelo cortado al tres, muy corto, anticipándome al calor del verano. Tres palabras has dicho. Y recuerdo el tres siempre haciéndose fuerte entre nosotros, resumen de la cosecha de esas tres primeras fotos que cruzábamos hace ya tres meses.

Pero hoy tan sólo somos las víctimas de unas altas temperaturas que nos han llevado, después de comer, a la típica siesta donde es pecado dormir porque todo lo que pasa, sucede y queda silencioso sobre las sábanas.

Aunque, en realidad, tú estás lejos. A una pequeña pantalla de distancia y a mí el calor me impide conciliar ese sueño, al que tanto el sopor como mis ganas de imaginarte, me invitaban perezosos. Así que comienzo a teclear furioso en la pantalla del móvil con tanto o más brío del que habría empleado en cascármela buscando el fácil deshago que conduce deprisa al dulce letargo, intentado atraerte más cerca. Entre nosotros, un puñado de miradas sostenidas a cada lado de las pantallas, nos hablan de la distancia mientras se pintan en nuestras cabezas los sueños que te describo en este, nuestro particular juego,

— Imagino mi cara, enterrada entre tus piernas disfrutando de mi postre favorito: sorber tu esencia mientras escucho gemidos de placer. Todo nos invita a pasar una diletante tarde de domingo, suavemente aletargados por el calor y el sudor de nuestros cuerpos hasta que, sin querer, ladeo un poco la cabeza para morder tu muslo y el mundo estalla de repente.

Tú no tardas mucho en contestar. Si acaso lo suficiente para que la pantalla haya virado a negro y me obliga a introducir, de nuevo, la clave de desbloqueo. Mohín de fastidio. “Algún día tengo que quitarla”, pienso. Me veo forzado a usar las dos manos para sostener el móvil cuando creía que lo tenía todo controlado hasta ese momento. Con una mano te escribía y con la otra abría la bragueta mientras empujaba los vaqueros hacia abajo.

— ¿Cariño, buscas ciberguerra? — y te leo con una media sonrisa — Sabes, que puedo ser muy ciberguarra cuando me pongo. ¡Te lo advierto!

“Bien, vas bien”, me digo. Después de todo, la foto debe de haberla puesto cachonda. Igual ha imaginado mi pelo frotando su coño abierto a mi lengua. Me envalentono y lanzo una nueva oleada de palabras subidas de tono. Quiero ser contundente. Que le estorben las bragas mojadas, obligarle a fantasear mientras se toca. Empieza a subir, de verdad, la temperatura…

— Qué estremecimiento, menudo temblor, vaya latigazo de placer. — Le pinto con palabras la imagen misma del pacer en su entrepierna. — Escucho un grito mucho más agudo y siento tus manos sobre mi cabeza al tiempo que un “Dios” blasfemo e irreverente, rasga el plácido y espeso aire de la tarde.

Esta vez has sido más rápida, quiero creer que te tengo pegada a la pantalla. Jadeante, exultante, como tu incipiente humedad.

— Pero cielo… ¿Quién coño te ha enseñado a escribir literatura erótica? ¿Acaso leías el Penthouse de tu padre? ¿Esas son tus fuentes…? — me adviertes mientras te imagino riñéndome con un mohín divertido en la cara. — La cosa no va así, a las mujeres nos ponen otras cosas. Anda, prueba otra vez…

Eso ha sido un golpe muy bajo. Noto cómo se me enfría la erección. Me la meneo con brío, con rabia, no puedo flojear ahora. Ahora no.

— Tu sexo, caliente, jugoso, excitado y abierto de par en par a mi lengua, ha entrado en contacto con mi pelo recién cortado. – Le pinto. – De golpe sientes, niña, miles de pequeñas agujas, suaves pero rígidas, que te acarician a la vez, rozando toda tu excitación, abierta de par en par…

 

Y entonces le das la vuelta a la situación. Como esas ocasiones en las que estamos sobre vosotras dándolo todo, dejándonos la vida en llegar con cada empujón un poco más dentro y de repente decidís que eso no es lo que queréis y sin que lleguemos a saber exactamente cómo, con un hábil juego de piernas, os subís encima decididas a llevar la voz cantante, dejándonos sentir todo vuestro peso mientras usáis la gravedad para amplificar el placer. Y saliendo de entre las sombras, me lanzas el móvil sobre la cama justo al lado de la polla erguida, para encaramarte luego sobre ella, mientras apoyando tus manos en mi pecho, te inclinas buscando el ángulo adecuado y cuando la sientes rozando la entrada, me susurras al oído:

— Escribo “pollazo” y no se me caen las bragas. Al contrario, las empapo. Me deshago las trenzas y llegado el momento, te pondré la coleta improvisada en la mano lamiéndote el dedo mientras te amenazo: “No lo chuparé… Todavía”. — Y mientras hablas noto como tu sexo va acogiendo al mío, lenta y suavemente, pero hambriento. Y cuando sientes que estoy todo dentro de ti, cierras los ojos para apretar los músculos que me oprimen mientras me ordenas — ¿Ves? Nada de niña. Mujer. Fóllame como tal.”

Estás aquí y ahora. Nada de sueños, eres muy real. Como tu pezón, que ahora llena mi boca, tan real como el semen que corroe mis entrañas pujando por salir. Lo siento golpeando la punta del capullo. Me quema, como tu boca, como el hilo de saliva que tiende un puente entre nuestros labios. Y te follo. No como la niña que pareces sino como la mujer real que eres, mientras tú me sostienes, desafiante, la mirada.

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