Mi raíz – @Imposibleolvido

Olvido @Imposibleolvido, krakens y sirenas, Perspectivas

Tiene los ojos claros y la piel suave,  huele a seguridad y refugio. Guarda en el bolsillo de su delantal todo un arsenal de pañuelos para mis decepciones, cientos de alientos para mis méritos y sus brazos son los mejores cuando me dan cobijo.

Es bajita y ligera. Es capaz de apaciguar a la bestia que en mí vive y a la vez es única para alimentarla con sus regañinas.

No es persona dada a hablar en corrillos, ni a promulgar bulos o chácharas fútiles, lee con las gafas doradas sobre su nariz y es capaz de aislarse del mundo que en ese momento la rodea.

Su casa huele a caldo hirviendo en una olla, a asado al horno, a bizcocho recién hecho. Tiene las estanterías repletas de libros y las paredes llenas de fotos.

Juega al parchís a un euro la partida y guarda las ganancias en una cestita, la misma que vacía en las manos de mi hija cuando vamos a verla.

Cómplice de sus nietos, no ahorra en caricias y besos para con ellos. Es capaz de taparles todas las travesuras y defenderlos hasta en lo indefendible.

Tranquila, risueña, generosa, no pasará nadie por su casa sin irse completamente enamorado de sus platos y repletos sus estómagos de su comida.

Fiel, tímida en ocasiones, nunca se ha metido en la vida de ninguno de sus cinco hijos. Ha dado siempre por bueno lo que cada uno ha ido eligiendo, sin poner trabas, sin entrometerse. Siempre accesible en la distancia.

Su sonrisa… Esa da para capítulo aparte. Tiene una sonrisa que quita el dolor de barriga, quita los miedos, quita las decepciones, quita los malos días, una sonrisa que alienta, que cura, que da calor en el pecho.

Ella es tan capaz que se sacó el graduado escolar con 72 años porque quería tener su título. Y con inglés, te dice orgullosa.

Ella, la que de niña trabajó en el campo, la que crío a sus hermanos. La que dejó a su familia a muchos kilómetros para vivir sola en otra ciudad junto a su esposo.

La incansable. La que llegaba de trabajar y se ponía a hacer buñuelos para la merienda, o a coserme algún vestido. La que se hacía toda su ropa. La que sacaba ahorros para las emergencias de cualquier rincón.

Ella es mi raíz. Mi madre. La persona más dulce y más buena que he conocido. La más fuerte y resuelta. Hoy en el día de mi cumpleaños me doy la licencia de dedicarle Krakens.

Agradecerle su amor, su apoyo incondicional, su infinita paciencia, su sabiduría, su saber estar, sus besos, sus abrazos y su forma de mirarme, porque sólo en sus ojos veo la mejor versión de mí.

Espero ser capaz de enseñarle a mi cachito eso que tú tan bien me has enseñado: Alas para volar y raíces para volver.

 

GRACIAS  mamá. Te quiero.

 

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