Mi paraíso – @Eva_Zeta

Eva Zamora @Eva_Zeta, krakens y sirenas, Perspectivas

Suspendí religión y miraba con desconfianza las fotos de las agencias de viaje. Nunca me creí los paraísos que alguien te explica. El paraíso, bien entendido, no se puede verbalizar.

El regalo más grande que me hicieron mis padres – obviemos la vida – fue cambiar la ventana de mi habitación por una más grande, más blanca. Ahí empecé a darme cuenta de la importancia del bienestar. Y, poco a poco, fui encontrando pequeños paraísos en el té de manzana, rosa, almendra, naranja y clavo, en el queso fundido, en la lasaña casera.

Apuesto a que Jenofonte sólo estaba describiendo un paseo. Prueba irrevocable de que la indolente compresión lectora de la que hacemos gala ya existía cuando los siglos llevaban “a.C.”.

Entre bostezos oía sermones sobre el jardín del Edén mientras soñaba con un lunes festivo. ¡Eso sí que iba a ser estar en la gloria! El sol en la espalda, las primeras fresas de la temporada…

Dante no sabía que, el paraíso, si lo sabes buscar, lo encuentras aunque no te lo hayas ganado sufriendo penurias. Él lo describió como un lugar, porque nunca encontró dinero en una chaqueta que hacía tiempo que no se ponía. Nunca tomó agua después del café ni saboreó el sentimiento de complicidad que provoca decir a la vez lo mismo que otra persona.

El Edén es su abrazo, la canción correcta en el instante preciso, ver desarrollarse una idea que tuviste, la frescura de las sábanas limpias, un ataque de risa a dos voces…

Del paraíso se ha escrito mucho y se ha vivido poco.

No es un lugar.

Mi paraíso son experiencias terrenales que me hacen sentir viva.

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