Mi novio es un árbol – @igriega_eme

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Amanece.  

Le regalo religiosamente mi primer pensamiento del día.

Me dirijo aún dormida hacia el ventanal. 

A medida que me aproximo, puedo ver su silueta alta y orgullosa, dibujándose a través de la cortina traslúcida.

Percibo ese perfume cotidiano tan suyo, tan familiar, tan mío.

Son tantos los años a su lado, que me parece que he perdido ya la cuenta.  

Crecimos juntos, a la par, tenemos los mismos días de habitar el planeta. 

Mi memoria más vieja corresponde a la de mi cumpleaños número cuatro.  Lo que mejor recuerdo, es que en ese momento, teníamos la misma altura.  

A pesar de que tenemos la misma edad, él, es muchísimo más alto que yo, tan alto, que ya perdí también la cuenta de su altura en centímetros.

Un día acordamos olvidar como medir el tiempo, la altura y la distancia, hemos borrado para siempre esos marcadores de nuestro camino.

Habita muchos rincones de mi memoria y un adivino me dijo el otro día que estábamos destinados el uno para el otro; él a cuidar de mi, yo a cuidar de él, en una perfecta y equilibrada relación de toma y da.  

Sabe de mi casi todo, hasta de esos meses en los que estudié en el extranjero; allá tenía amigos que parecían un poco, pero nadie como él.

Cada que levanto la vista, invariablemente está ahí.  

Nunca me faltó cobijo cuando rondaron por mi vida agrias desilusiones, ni tampoco en los más profundos y oscuros fracasos.

Miles de lágrimas corrieron y se secaron en su abrazo, e infinidad de veces bailamos juntos al ritmo de sonoras carcajadas, matizadas de triunfo.

No sólo sorteamos infinidad de tormentas épicas uno al lado del otro, también admiramos lado a lado, las más hermosas primaveras.

Hemos sido cazadores de amaneceres y lunas, y habitantes del bosque cuando nos quedábamos dormidos sumando constelaciones y estrellas.   

Fuimos compañeros de silencio y amantes de la música de grillos y arroyos vecinos. 

Numerosas veces viajamos a lugares sorprendentes en cada libro que en voz alta y en silencio le he leído.

Es mi cómplice y custodio de toda serie de secretos, guiños y artilugios, tan incondicional como discreto. 

¿Y sabes? Te comprendo, y hasta un poco de pena por ti siento.

He notado el gesto de envidia cuando conversamos, que me miras con incredulidad cuando mis aventuras han ocurrido al lado de alguien tan perfecto.

Tranquilo corazón, tranquilo, sólo te he contado de la más maravillosa compañía de mi vida, ese, a quien con un poco de desprecio has llamado “el noviecito”, siéntate, bebe un poco, cálmate… mi novio, mi novio es un árbol.

 

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