Mi novio es piloto – @GraceKlimt

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«Las personas no son ridículas sino cuando quieren parecer o ser lo que no son»
-Giacomo Leopardi-

«…y mira qué tetas me han dejado, ¿ves?, ¿a que parecen naturales?, si es que ha buscado al mejor cirujano plástico, nada de tonterías, si digo al mejor, es al mejor, que una no se merece cualquier cosa, que voy a contarte… -bla, bla, bla- …¿ya te dije que el viernes me llevó a aquel balneario que tanto me gustó cuando lo vi en internet?, si es que pido, y mis deseos son órdenes, antes de que lo diga dos veces, ¡zas,!, ya lo tengo… -bla, bla, bla- …pero cuéntame tú, que me pongo a hablar y no paro, chica, pero es que tengo tantas novedades, ¿te enseñé ya las fotos del viaje al Caribe?, lo pasamos tan bien, todo incluido, resort de lujo, por supuesto, que una no duerme en cualquier sitio, ¡y qué sábanas!, seda pura pura pura, y aquellas piscinas privadas, y playas exclusivas… -bla, bla, bla- …ay, qué maravilla la vida, me siento taaaaan realizada, qué bien tener un novio piloto… -bla, bla, bla- …»

Mi novio es piloto.
Clic.

Desconecto la mente.
Utilizo el viejo truco, escucho el principio del maldito monólogo al que ella llama obscenamente conversación, pero en el que solo conversa ella, asiento de vez en cuando, escucho de nuevo el final de algunas frases por si acaso necesito hacer como que presto atención, cosa que sé a ciencia casi casi cierta que no ocurrirá, y dejo vagar mi mente a otros lugares.

Mi novio es piloto.
De verdad. Esta tía es gilipollas. Y si no me tranquilizo, respiro profundo, cuento hasta mil millones, y saco esa frase de mi mente, voy a coger el cuchillo de untar mantequilla y voy a rebanarle el pescuezo a la novia del piloto de las narices. Me imagino sacando una pistola y volándole la tapa de los sesos, y esa similitud de su masa encefálica saliendo disparada a las alturas cual avión pilotado por su novio, me hace sonreír.

Mi novio es piloto. Mi novio es piloto. Mi novio es piloto. Mi novio es piloto. Mi novio es piloto.
Bang, bang, bang, bang, ,¡BANG!
Clic.

¿Cuándo empezamos a alejarnos tanto?
Mientras sigue diciendo nosequé de unos nuevos zapatos, me traslado a aquellos días del colegio, de risas, de confidencias, de rodillas despellejadas de tanto jugar, de las primeras miradas con los chicos del curso siguiente, de miles de sueños preciosos.
Parpadeo, la miro, y no sé qué le ha pasado. No la reconozco ya en esa extraña que parlotea frente a mí, sin darse cuenta que no la sigo, que no la escucho, que la ignoro.

Miento. Lo sé. Claro que lo sé.
Se ha dejado convencer.
Toda esa mierda que desde pequeñas intentaron inculcarnos, en ella ha calado.
No levantes la voz, sonríe siempre educada, sal de casa arreglada, no olvides el maquillaje discreto y el brillo de labios, unos tacones no deben faltar, no sorbas la sopa, no incomodes, no masques chicle, come con la boca cerrada, cuida de tu casa, cocina, plancha, sal a la compra, no pierdas el tiempo en sueños tontos, aprende a ser una buena chica, una buena mujer, una buena esposa, no seas demasiado bruta ni demasiado seria, aprende a bordar, no interrumpas, consigue una buena vida, busca un buen hombre.

«…¿me estás escuchando?, de verdad, no sé dónde tienes esa cabecita, siempre perdida entre los libros, en serio te digo que vas a terminar enterrada en esas bibliotecas tan lúgubres, qué sitios tan raros te gustan, con lo guapa que estarías un poquito más arreglada, y nada, ni caso, siempre con esas gafas horrorosas y esa coleta despeinada… -bla, bla, bla- …¿es que no vas a madurar nunca?, tienes que dejarte ya de tonterías, que se te va a pasar el arroz, y hacer como yo, buscarte un buen novio, piloto como el mío, o parecido, que te haga la vida más fácil, ¿o piensas ser una solterona con gatos?…-bla, bla, bla-…»

Mi novio es piloto.
Clic, clic, clic.

He necesitado de toda mi fuerza de voluntad para no lanzarme a su yugular.
Quiero levantarme en medio de este restaurante lleno de estrellas Michelín al que me ha traído a desayunar y exhibir su según ella perfecta vida y en el que me siento como un pez fuera del agua, y gritarle que cierre esa maldita boca de labios perfectos a fuerza de botox de una puta vez. Que deje de querer ser un maniquí, un objeto de exhibición, y se quiera. Que se quiera ella, coño. Que se quiera por quien es. Que se quiera ya. Que algún día las tetas se le van a terminar cayendo por muy operadas que sean, que el pelo acabará volviéndose canoso, que le saldrán juanetes en los pies y se le acumularán los kilos en la tripa, y se aburrirá de los lujos y las sedas y los excesos y de ser solo una Barbie al lado de un Ken. Y entonces, cuando el envoltorio se estropee, no habrá nada dentro. Solo vacío. ¿Y quien quiere ser vacío?

«…mi novio tiene un compañero piloto también, le diré que lo invite un día a pasar el fin de semana y te lo presento, será perfecto para ti, te arreglará la vida, verás…»

Ya está bien, no aguanto más, así que la miro muy fijamente y mientras disfruto de dejarla sin palabras por primera vez y voy viendo como su rostro se torna desencajado, enrojecido, avergonzado, le suelto:

«Tranquila, no hace falta, yo ya tengo el mío, ¿y sabes?, se acomoda cada noche entre mis piernas, y me sube al cielo sin salir de la cama. Deberías probar. Placer de altos vuelos. Fíjate, si al final, mi novio también es piloto.»

Clic.

 

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