Metamorfosis – @shivisc

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No tienes idea de todo lo que he llorado sin que vieras mis lágrimas porque jamás salieron de su lugar. Tampoco el tambor que suena por dentro cada que vez que siento miedo que es casi siempre y a cada rato. Suena como una selva a punto de despertar.

Acostumbré a empujar las angustias hasta el fondo. Y cada vez que no pude dibujar una sonrisa, con los ojos lo dije todo.

No tienes idea de lo que es desdoblarse muchas veces en muchas partes. Cada una corresponde a una realidad. Nadie te enseña a ser madre sin ser hija o hija sin sentir que mereces un respiro y un soplo de libertad.

Empecé a construir paredes emocionales que rara vez estuvieron vestidas de personas. Mis únicas ventanas fueron espirituales y aunque pareciera que notaras mi silueta confundida y perdida entre mis sábanas, era yo abrazándome todas las veces que gritaba hacia lo profundo del estómago. El grito colapsaba las paredes de mi espalda y solo alcanzaba a salir un leve sonido de mis oídos.

Aprendí desde hace algunos años, ciertos métodos y costumbres que el día que por fin suelte toda aquella fortaleza no sabré cómo estar desnuda con mi nueva naturaleza.

No tienes idea lo que es columpiarse hacia el cielo intentando agarrar una nube donde te sientas a salvo. Como tampoco subir miles de escalones a diario pensando por dentro que cada escalón es un día menos que falta y uno más que lograste sobrevivir a la jungla de tu locura diaria.

Desdoblarse, asirse y quedarse. Sin romperte porque el juego no perdona las vidas que pierdes mentalmente mientras emocionalmente todavía puedas sostenerte.

El mundo te acompaña con sus ruidos pero aprendiste a ignorarlos uno a uno, menos el llanto de cualquiera de tus hijos. O la respiración cortada de una noche profunda que aunque quieta viene por ti para llevarte todas las noches al infierno de la incertidumbre.

Tu música va por dentro y si tienes suerte, logras aprender notas musicales que te sirven de escaleras al viento; y en el viento, logras acariciar un poco del cielo que tanto esperas encontrar despejado para envejecer a su lado mientras vas repasando todos sus colores.

No sé de nada de lluvias de mejillas para afuera pero puedo decirte cómo puede formarse una tormenta por dentro. Como se inunda toda tu cavidad hasta tu garganta y te ahoga por ejemplo, un simple recuerdo.

La de veces que me hiciste compañía con todas tus voces, o tu risa. En silencio. Mientras yo dibujé en tu pecho cada uno de mis miedos. Cerca de tu respiración y mi boca. De tu olor suave y dulce que me invitaba a cerrar los ojos con el profundo deseo de no despertarme a la mañana siguiente.

No tienes idea de que he sido capaz de estar de pie sin piernas. De escribir sin corazón y abrazarte sin mis manos.

De que siga creyendo en Dios teniendo todos los motivos para ser atea y que sigo esperando a que vuelvas.

 

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