Mercancías peligrosas – @Mous_Tache

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Sabes a lo que te arriesgas y aún así respiras hondo y te encaminas al mostrador de embarque. Lo que llevas no ha sido detectado al pasar el arco de seguridad del aeropuerto y tampoco ha levantado sospechas entre los policías que con sus perros vigilan en la terminal. Una hora de vuelo y llegarás a tu destino.

Sales por la puerta de la terminal intentando localizar a la persona con la que debes reunirte. No está. Te dijo que mejor sin llamadas por lo que decides esperar unos minutos. Las manos te sudan y estás bastante nervioso.

«No lo traigas.» Ella fue muy clara al respecto y no le has hecho caso. Sólo esperas que no se note, al menos, de momento.

Acabas de encender un cigarro cuando un taxi se sitúa frente a ti y desde dentro te saluda y te pide que te acerques con la mano. Depositas la maleta de viaje en el maletero y accedes al interior del vehículo a través de la puerta trasera. Dos besos y una mirada que se prolonga tres segundos más de lo habitual en dos personas que acaban de verse por primera vez.

Atrás quedan varias semanas de largas conversaciones, de risas, de contaros vuestra vida mientras se ha establecido un extraño vínculo entre vosotros por la inmediatez del mismo.

Sí, fue muy clara. «Nos vemos pero tienes prohibido enamorarme. No lo traigas. No traigas corazón.» Como si eso pudiese dejarse en una estantería, como si pudiese separarse de uno mismo a voluntad.

Vuelves a mirarla mientras tomas sus manos entre las tuyas. Acabas de iniciar un juego peligroso. Hace un mes no conocías su existencia y ahora sólo esperas que te haya mentido, que cuando ella prometió no hacerlo, también traiga el suyo.

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