Mentiras piadosas – @PoetaImpostor

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Que sí me quieres. Que no te vas a ir. Que no me romperás el corazón. Que no volverás a enfadarte si no estoy a la altura de tus expectativas. Que esto va a funcionar.

No sé hasta qué altura somos compatibles; si de verdad hemos nacido para estar juntos o, tristemente, somos un capricho de nuestras ganas de tener a alguien para los días fríos y lluviosos. Para quitarnos las ganas. Para que alguien nos mire a los ojos durante el sexo y eso nos baste para decir que nos han hecho el amor.

No sé hasta qué altura lo nuestro es bueno si tenemos más idas que vueltas. Si nuestro historial ha quedado manchado en más de una ocasión; si a veces somos inercia y no voluntad. Que sí me quieres de verdad.

Mi mantra favorito de todos los días. 

¿Somos algo bueno? Quiero decir. Siento que a tu lado no he crecido demasiado. Los días pasan sin pena ni gloria. Sí. Nos divertimos. Indudablemente lo hacemos. Sin embargo siento que estás para mí sólo en esos momentos. Que vienes a pasarla bien. Que lo tuyo es tener un momento de risas y lo demás un amago para no complicarte el día, ni la vida. Que no quieres abrirte a mis sentimientos para no sentirte responsable de algo que lleva tu nombre.

Esperar que vengas. Que estés. Que quieras quedarte. Esperar, casi rogando, que nada externo a nosotros te arruine el día para que tengas ganas de escuchar cómo va el mío. Lo que quiero. Lo que sueño. Esperar, tristemente, que tengas ánimos de quedarte a pasar la noche en lugar de sólo verte un ratito con sabor a nada. Con sabor a otro día perdido. Con la sensación de que pudo ser mucho más.

Intentar convencerme día tras día que lo nuestro ha sido una buena decisión y a tu lado finalmente obtendré todo lo que he querido, todo lo que siempre leo en mis libros favoritos. Que contigo tendré un amor de película. Que sí vas a apoyarme. Que no estarás primero tú por encima de nuestra relación; ni yo estaré por encima de nosotros. Esperar que me des atención antes que pedírtela y ya esté desanimado para cuando tengas tiempo de dármela. Esperar que quieras sostener mi mundo y no te distraigas cuando ya se ha hecho pedazos. Esperar que me cuides y no sea sido demasiado tarde para cuando quieras hacerlo. Que me digas lo que necesito escuchar mientras todavía estoy. Que me digas lo que sientes sin necesidad de acabar llorando porque lo nuestro se ha roto.

Que me quieras, maldita sea.

No sé hasta qué punto somos sanos. No sé hasta qué punto lo nuestro es auténtico y hasta qué punto te importo. A veces parece que soy tu mundo. Otras veces siento que simplemente soy una piedra más. Y, ¿sabes? Sentirse un obstáculo es horrible. Especialmente cuando el corazón está entregado, late y palpita tu nombre. Que te sientas orgullosa de mí. Que quieras celebrar mis triunfos. Que sigas inspirándome.

Que me incluyas en tus planes. Que no digas cosas que me van a herir. Que no actúes como si fueras tú sola en algo que es de dos. Que le des seriedad a esto. Que no tenga qué convencerme a mí mismo diciendo que tal vez se te ha pasado decir mi nombre cuando hablas de tu futuro y yo no me encuentro. No tener qué defenderte ni intentar convencerme que se te ha olvidado. Que lo hagas. Simplemente que lo hagas.

Se me encoge el corazón imaginarme sin ti. Sin los momentos que tenemos, sin tu risa y tus ganas de vivir. Aunque de nuevo. A veces parece que sólo quieres vivir… para ti. Siento un vacío tan grande, tan abrumador que es injusto. ¿Por qué debería sentir un hueco en mi pecho si estás tú? Y creo que de sólo considerarlo me doy cuenta que todo este tiempo me he estado engañando. Que las segundas opciones nunca somos tan importantes.

Que sin darme cuenta he recurrido a mentiras piadosas para defender tu falta de compromiso y eso de ninguna manera puede llamarse amor.

 

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