Mejor callar – @KalviNox

Kalvi Nox @KalviNox, krakens y sirenas, Perspectivas

Taza de café en mano y cigarro humeante en el cenicero, me siento tranquilo en el sillón mientras pienso en lo bonito que es a veces el final de una llamada, de un mensaje o de aquéllas cartas que por desgracia ya no se envían.

Bonito, pero incompleto, existe esa fea costumbre de no agradecer lo suficiente lo que hacen por nosotros, sin que nos demos cuenta, de manera desinteresada. Unas veces no lo apreciamos y tristemente otras, por negarle la importancia que deberíamos darle.

Piensa  por un momento en ese detalle al que no le das importancia de tu madre, o de tu  padre, creyendo y dando por hecho que el ser hijos nos exime de agradecimiento y nos disculpa. Cuando tienes hijos,  empiezas a entender y a pensar en todas esas veces que callaste y empiezas a saber  cómo se sintieron ellos con tu silencio, esperando una palabra, un abrazo, un beso. Esos momentos, cuando caes en la cuenta, se convierten en espinas clavadas en tu corazón que nunca desaparecen.  A lo mejor no es tu caso, ojalá no lo sea.

Lo mismo pasa con otros familiares y amigos. Imagina ese amigo, amiga, hermano o hermana, primos, tíos, que te llaman a diario o pasan a verte para saber de ti, para interesarse por ti y a lo mejor piensas que están de paso o simplemente se aburren y van a cotillear lo que haces para pasar el rato. Esquivas las preguntas, pasas de explicaciones  porque piensas en casi todo menos en lo que realmente han querido hacer por ti: preocuparse.

Y callas.

En el amor suele pasar lo mismo. Piensa en ese momento en el que le ves, cuando viene a buscarte, o cuando vas a recogerla, cuando llegas, cuando llega.

Ahí está, sonriéndote, mirando tu cara esperando quizás tras un buen rato arreglándose para ti después de todo el día esperando ese momento, contigo. Sonreímos, un “hola”, un beso y a seguir. Deberíamos saber que los silencios forjan rencores.

Callamos.

Esa mirada fija sobre ti está pidiendo a gritos que le digas lo que sientes, o lo que no te atreves y sin embargo, por alguna extraña razón, volvemos a callar. Hay que tener valentía para desnudar el alma, ¿verdad?

Esas veces en que seríamos capaces de desgarrar nuestra piel antes que decir algo para herir también nos hacen daño, e igualmente  lo hacemos, tarde o temprano. Cuando algo duele de verdad siempre se hace el silencio. Curioso, pero cierto y triste a la vez.

Se consume mi cigarro, se me acaba el café y con ello mi reflexión de que la vida está llena de errores por cometer, todos los cometemos, y quizá el más inevitable de todos es pensar que a veces es mejor callar.

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