Medio mundo por un beso – @soy_tumusa + @netbookk

Mous_Tache @Netbookk, @soy_tumusa, krakens y sirenas, Perspectivas

1#Despertares

— Hola María. Imagina la escena, por favor. Cómo si se tratara de una película francesa que está a punto de terminar — le cuenta, entusiasmado, Joao. — y me dices qué te parece.

La cámara se mueve lentamente, mientras me enfoca en un plano medio. Estoy apoyado en el quicio de la puerta, mirando, con una taza humeante en la mano. La habitación está iluminada por un tibio sol recién amanecido a la primavera y el plano se va acercando hacia mi cuerpo. Yo miro fijamente hacia un punto y cuando la cámara llega a mi altura, cambia el plano y muestra lo que observo con tanta atención.

Mis ojos se recrean en las formas que se adivinan bajo la sábana, en el tono de tu piel y en la sonrisa que asoma bajo tu pelo alborotado. Y a la lente, y a mí, nos gusta lo que vemos… Se escucha una suave melodía, mientras agacho la cabeza y bajito pronunció la frase con la que finaliza la película:

— Después de haber pasado tanto estando separados… ¿Así que la felicidad era esto?

Apuro mi café y, dejando la taza en el suelo, camino hacia la cama. Me meto debajo de las sábanas, buscando tu calor procurando no despertarte. De manera inconsciente, mueves tus brazos, me das un beso suave que deja el sabor del café en tus labios y sonríes, dejándome abrazarte, aún medio dormida.

El plano se va alejando y empiezan a salir los nombres de los protagonistas sobre la escena de dos cuerpos abrazados, a punto de despertar a una nueva vida…

— Para que, cuando despiertes y leas esto, se pinte una sonrisa en tu rostro. Buenos días Maria.

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2#Salvando las distancias

Separados por medio mundo de distancia, tumbados en camas distantes, pero el uno al lado del otro, María y Joao se saludan. Él ha puesto la alarma del móvil, madrugando mucho para poderle dar las buenas noches a ella. Los besos electrónicos, las caricias virtuales, las fotografías o los videos, las menciones sutiles en redes sociales, mensajes en clave que sólo ellos y unos pocos amigos que conocen su historia pueden descifrar, han ido llenando sus vidas hasta hace poco.

Pero todos los amores a lo largo de la historia han requerido de la piel para afirmarse o diluirse en el mar de las decepciones y el de ellos dos no va a ser una excepción. Ambos escapan a las etiquetas, y eso ha ido condicionando su relación. Ella, importante ejecutiva de una multinacional, viaja más de 200 días al año por todo el mundo. Eligió esa vida para escapar de todo y de todos, pero al final se ha dado cuenta que hay alguien de quien no podrá escapar jamás… de ella misma. Joao es un refugiado político ilegal en un país donde no es muy bien acogido, pero que le permite vivir una vida humilde, sin que esté en peligro su vida. Dejó toda su nada atrás y esa experiencia le hizo convertirse en un escéptico… hasta que tropezó con ella en la red.

Esta noche, tienen algo importante que contarse: un sueño compartido por cumplir. Por fin van a verse en persona. Hablan bajito, cada uno sumido en la oscuridad de su habitación, separados por 9 horas y más de 9.000 kilómetros de distancia, pero unidos por el wifi y la luz de sus pantallas.

— Recuerda cariño: “Lo que no se nombra no existe”, por eso voy a contarte lo que pasará mañana — le explica susurrando Joao, para no despertar a nadie en su piso compartido. Se ha puesto el despertador en Los Ángeles para contárselo, antes que ella se vaya a dormir en Madrid. Quiere que sueñe con una sonrisa en su preciosa boca.

— Dime — le escucha decir, atenta, e ilusionada desde el otro lado del mundo.

— Hace ya poco más de un año que nos conocimos y, desde entonces, ambos nos dimos cuenta del “quizás” que podría albergar esta relación, escondido entre nuestra larga lista de miedos. Llega una edad en la que, entre decepciones y cicatrices, darte de bruces con un “quizás” de verdad, es como encontrar un tesoro. — Le susurra Joao — Ambos llevamos nuestras propias corazas abolladas por tantas pedradas recibidas en el alma y, quizá por eso, seamos tan susceptibles pero, a la vez, también tan conscientes del peligro, que sabemos darle su verdadero valor a esa posibilidad, a esa luz sobre la puerta, encontrada por casualidad en mitad del bosque. Esperanza… que bonita palabra.

Yo en Los Ángeles, exiliado de mi país, sin dinero; saliendo adelante como puedo de forma más o menos legal, pero honrada. Tú viajera del mundo, diez mil capas sociales por encima de mí y, sin embargo, tan vacía que cuando ambos nos acostumbramos a juntar nuestras soledades, empezaste a pensar sí, esta vez, podría ser verdad. Y ahora, por fin, después de casi un año, se han alineado los astros y estamos a dos días de vernos, para disfrutar de todo un fin de semana, para nosotros.

¿Sabes? Me he comprado una camisa blanca nueva. Un clásico, para no fallar(te), le he pedido prestados unos zapatos y una chaqueta a mi amigo Gilberto. Quiero que me veas guapo. Hacia muchísimo tiempo que no me importaba eso, incluso no quería estar guapo para nadie, pero para ti sí. Supongo que llegarás cansada, con el reloj cambiado desde el otro lado del mundo, pero no te preocupes. Yo recogeré los pedacitos en el aeropuerto y los llevaré a descansar al hotel. Después de esperarte toda la vida, puedo esperarte una noche más. Dormirás entre mis brazos y, al día siguiente, cuando estés recuperada, te enseñaré la ciudad. Pienso en la escena y siento curiosidad. Tú, mujer de mundo, dejándose llevar colgada del brazo de un desconocido que es un don nadie pero que recoge orgulloso, el inmenso regalo que le haces: tu tiempo. Y piensa cuidarlo, y cuidarte, con todo ese cariño que te falta tantas noches en las frías y solitarias habitaciones de lujo en las que estás acostumbrada a dormir. Te enseñaré lo que las guías no enseñan de la ciudad donde vivo, y por la noche ya he buscado un restaurante bonito y discreto, a un paseo por la playa de distancia del hotel. Después, en la habitación, podremos dejar de ser dos extraños, para ser por fin, un sólo nosotros…

— Cuéntame que pasará Joao. Quiero soñarnos bonito, y me apetece mucho escucharte. — Le ruega María, con voz mimosa.

— Quiero que cierres los ojos y nos imagines. Tan sólo, escucha mi voz y déjame que te guie por este sueño… — le indica Joao bajando, un tono más, su grave voz.

..

[Audio]

La puerta de la habitación se ha cerrado. Atrás quedan las miradas en el ascensor, las manos que se rozan, esa forma que tienes de morderte el labio mientras me escuchas hablar, cuando te aparto un mechón rebelde o simplemente porque me ves mirarte a hurtadillas y sabes que estoy adivinando las formas de tu cuerpo bajo ese precioso vestido. Estas muy guapa ilusionada…

Nada más entrar, en el estrecho pasillo de la habitación, apoyas tu espalda contra la pared y levantando los brazos, te quitas los palillos que sostenían ese precioso recogido. Tu melena cae, tapándote en parte la cara y yo la aparto con suavidad mientras me inclino hacia tus labios, buscando ese beso.

No suenan violines, no es necesario, la música de nuestros corazones desbocados es suficiente banda sonora en el silencio de la habitación. Hay tanto tiempo, tanto deseo concentrado en ese beso que el mundo se detiene por sí solo. Ya nada importa, más que seguir respirándonos el uno al otro y sincronizar la danza de nuestras lenguas. Siento tus manos acariciando mi nuca y tú sientes las mías aferradas a tus caderas. El “quizás” se transforma en energía, sudor, vida, en pasión descontrolada. Solo importa el aquí y ahora.

Mi cuerpo aprieta el tuyo suavemente, dejándote entre la urgencia evidente de mi deseo y tus ganas de recibirme entero. Levantando un dedo, pido un instante de tregua, me separo y te miro. Y al ver el brillo de deseo en tus ojos, vuelvo enseguida a sumergirme a pulmón, sin casi oxígeno, en el mar de tu boca. Jugosa y dulce… Puro vicio.

Ya sabes que los tirantes de tu vestido durarán lo justo, empujados por mis dedos, liberando tu piel excitada caen al suelo acompañando al chal que llevabas. Mis labios vuelan de tu boca a tu cuello, sin escalas, para viajar después incansables por la geografía de tu pecho. Tus pezones orgullosos, desafiantes, son devorados por mis ganas y de ahí, el salto a esa peca que solo tú y yo conocemos como el origen de todo, es inevitable…

Tus caderas, hábiles y generosas, se mueven lo justo para dejar caer toda la tela al suelo mientras tus manos, urgentes, tiran de mi camisa, desabrochan botones y sacan toda la tela que nos sobra. Mi boca se pierde en los pliegues de tus labios a la vez que mis manos hacen lo propio un poco más al sur sorteando el encaje de tus braguitas… El aire huele a deseo y me basta una caricia para comprobar, e inevitablemente sonreír, que tus ganas se hacen néctar de los dioses, humedeciendo tu sexo.

— Quiero beberte entera — te digo bajito, mientras mordisqueo el lóbulo de tu oreja.

— Ya… Tardas… — aciertas a decir, entre suspiros, tirándome del pelo.

Pero yo sonrío, tengo otros planes… antes quiero verte desfallecer. Me separo unos centímetros, los justos para no dejar de ver tu expresión mientras uno de mis dedos entra, suave pero descarado, en tu sexo. Disfruto mirándote a la cara cuando cierras los ojos un instante mientras te muerdes los labios y luego los abres, al sentirme dentro de ti. Veo la sonrisa de la mujer, salvaje e indómita, que había estado olvidada tanto tiempo en un rincón. Despertar a la fiera en celo me pone a mil. Ya no hay límites y todo son urgencias. Mordemos, besamos, acariciamos… lamo tu piel, entro, salgo, me mojo los dedos en ti, me los chupo con glotonería, y puedo notar como tu propia humedad resbala por tus muslos… Tú, subes una pierna hacia arriba dejándome entrar más adentro, abriendo de par en par, la puerta de tu deseo.

— Quiero todo dentro. ¡Fóllame! — me ordenas excitada.

Sin embargo yo no pienso parar y sigo acariciando suave pero sin descanso tu clítoris que, encendido, agradece mis atenciones haciéndote temblar de placer hasta que, sin avisar, te callas y yo entiendo. Tus rodillas tiemblan y dejas caer tu peso, agarrada a mi cuello. Una lágrima rueda por tu mejilla y la recojo con mis labios. Casi sin poder respirar, te veo volando mucho más lejos de lo que jamás podré acompañarte. El viaje dura unos segundos en los cuales te cuesta hasta respirar, pero pronto vuelves a mis brazos, temblando como una hoja, con la piel erizada de sensaciones. Me miras sin decir nada y te pegas a mí que he sacado, mojados, los dedos que te acariciaban y te abrazo fuerte para decirte, sin palabras, que nunca te dejaré caer.

— Joao… cariño…— suspiras.

— Mi vida. — Contesto y, temblando todavía, te cojo en brazos llevándote en volandas hasta la cama donde te deposito suavemente, hecha un ovillo, mientras me yo acabo de desnudar. Saco la colcha, me tumbo a tu lado y nos tapo mientras tú te abrazas a mí con la extraña sensación de saberte la coraza abierta de par en par, el corazón en carne viva, pero con lágrimas de alegría recorriendo tus mejillas… y una enorme nueva ilusión brillando en tu mirada.

— Mi luz… — me susurras bajito mientras acaricias mi barba con tu mano cerrando los ojos intentando fijar este momento en tu memoria.

..

[\Audio]

 

— Mi amor… — contesta Joao en susurros a los sonidos que llegan a su teléfono. María intenta recuperar la respiración después de haberse masturbado mientras él le contaba su sueño… — Ahora cielo, deberías descansar. No sé qué hora es en Madrid, pero seguro que tarde. — le ruega.

— Más de la una, sí. Y mañana tengo una reunión a primera hora.— contesta María entre risas flojas.

— Bueno, pero seguro que la sonrisa con la que acudirás a esa reunión, no necesitarás maquillártela…

— Joao… Esto que hacemos… ¿seguro que está bien? — le pregunta María con una confusión, mezcla de ignorancia y miedo, que a Joao le parece tan tierna, tan dulce.

— Mi amor, nos vivimos y sentimos, a través de la distancia y de los husos horarios, pero acaso le hacemos daño a alguien… ¿A qué no? Pues entonces cariño, disfruta. Siente. Te quiero viva y disfrutando de esa mujer que ha estado escondida tanto tiempo detrás del traje de ejecutiva. — replica Joao.

— Mi vida… Te quiero tanto. Y tengo tantas ganas de verte… — susurra María con voz cansada.

— Un día menos mi amor. Piensa que ya queda un día menos, y ahora descansa. Mañana hablamos. ¿Vale? Un beso, o mejor… un millón. Suéñanos bonito mi luz. — se despide Joao antes de colgar.

— Buenas noches cariño — le contesta María, desde el otro lado del mundo.

..

.

Hace años, en la época de nuestros abuelos, cuando muchos enamorados se vieron obligados a separarse para marchar lejos por trabajo u otras causas, las relaciones a distancia no tenían otra forma de mantenerse que a base de paciencia y tesón. Las cartas tardaban meses en llegar y eso cuando lo hacían. Se recurría a familiares y amigos que, emulando a Mercurio, llevaban los mensajes de una a otra parte del mundo. Ahora  nos basta apretar un icono en una pantalla para dejar de escuchar la respiración de nuestro ser amado al otro lado del mundo. Piensa Joao mientras mira por la ventana de su habitación las luces de la gran ciudad, esperando haberle hecho un poco más llevadera esa soledad a María, una noche más. Suspirando, cierra los ojos mientras aprieta el móvil contra su pecho, esperando el día en el que pueda cobijar todos esos miedos entre sus brazos.

Si por él fuera, mañana mismo recorría medio mundo por un beso.

 

 

Hemos pensado darle otra textura al cuento, pero conlleva implicación por parte vuestra.  Si además de leer, quieres escuchar a Joao, ponte los auriculares, pulsa el siguiente audio…   y cierra los ojos dejándote llevar como María. 

 

 

Siempre es un placer escribir con @soy_tumusa, pero tendréis que estar atentos , porque la historia no ha hecho más que comenzar.

…continuará…

 

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