Margaritas – @Safronina0

Safronina0 @Safronina0, krakens y sirenas, Perspectivas

Una vez más ahí estaba yo, sentada a la sombra de aquel árbol donde habíamos  tenido nuestra primera cita hacía ya casi diez años. En aquel banco que se abría al mar y desde donde se veía aquella pequeña casa con jardín de la que tantas veces hablábamos y soñábamos con comprar para ver a nuestros hijos corretear entre las flores.

Nos vuelvo a ver sentados, recuerdo palabra por palabra aquella conversación.

Era sábado 11 de Agosto y posiblemente estaba siendo uno de los días más calurosos del verano, yo llevaba aquel vestido de gasa verde que con el tiempo tanto te gustaba. Tu llevabas tus raídos vaqueros azules y un polo blanco. Cruzábamos nuestras manos y yo apoyaba mi cabeza en tu hombro y sincronizados mirábamos como el fin del mundo se deslizaba en aquel precipicio.

– Nunca me han regalado flores. – Reflexioné en voz baja y sin saber porqué.

– No te preocupes cielo, ¿Ves aquella casa azul?. Un día será nuestra y cada mañana te dejaré en la mesilla un jarrón con flores que te despierten la sonrisa.

– No hará falta que las cortes amor, no las mates para darme vida, déjalas crecer en el jardín y que llenen de colores nuestros días.

Los días pasaron, compartimos muchos juntos, paseando, cogidos de la mano hasta que llegó aquel, igual que este, pero hace ya cuatro años y yo vuelvo aquí, a nuestro banco, a ver aquella casa llena de flores que nunca llegó a ser nuestra, a decirte nuevamente adiós y respirar en el hueco que dejó tu cuerpo en el espacio y en mi alma.

Y aquí estoy, en nuestro banco, con un ramo de flores, el que nunca me regalaron, el que nunca quise. Podría traerte rosas, calas o unos pocos crisantemos, campanillas azules o amapolas. Pero no, a ti no te gustaban las rosas, nunca fuiste de conceptos básicos, no, te gustaba darle forma y significado propio a las cosas.

Mi abuela siempre me decía que las flores hablan por si solas, murmuran mensajes ocultos entre sus pétalos y nos abrazan con su perfume.

Hoy te vuelvo a decir adiós. Ese adiós que te debo porqué te fuiste por sorpresa, sin avisar, porque al igual que yo te esperaba esa noche en casa, tú no esperabas a la señora de la guadaña. Ese adiós eterno, sencillo y fiel de un amor que me sigue llevando a ti. Un adiós cantado por dos docenas de margaritas, que símbolo de pureza y lealtad son regalo de muertos. De días que acabaron sin empezar, de tu cuerpo levitando hecho cenizas, de nuestro amor que quedó sentado en este banco el día que tú te fuiste y que yo vuelvo a besar cada año.

Margaritas, como las hijas del rayo que comenzó nuestra propia tormenta eléctrica  y que esconden aún hoy nuestro secreto. El que escribimos entre sus pétalos, el que escondimos en nuestras manos. Para recordarte cada día, para que me esperes allí donde estés y vayas llenando de flores nuestro jardín, porque si no es en esta vida será en otra, pero esa casa azul será nuestra.

Puedes seguir a @Safronina0 en Twitter