Marcianos en Madrid – @alosqueladran

Javier Esteban @alosqueladran, krakens y sirenas, Perspectivas

La conspiración es tan potente que ni siquiera pondrán nunca fotos en la web de la NASA para desmentir esto ni lo recogerá ninguno de los libros de Bruno Cardeñosa pero es la verdad que os digo que los españoles fuimos los pioneros y únicos en invadir Marte y no es un chiste. Explicaré que en el momento en que Neil Armstrong bajaba de su cuasineolítico cascarón igual que el mono del árbol para poner un pie en la Luna trece gigantescas catapultas franquistas visibles desde el espacio lanzaban a los altos la primera armada interplanetaria compuesta por otras tantas astronaves hechas en cemento, pues no todo el mundo sabe que el cemento es la suprema aportación del íbero a la historia de la humanidad junto a la teoría de la relatividad y el pasmo y los mejores ingenieros de la aviación patria que tan sólo tres semanas antes habían logrado la definitiva invisibilidad al radar. Las habían diseñado, a las astronaves digo, y se encomendaron a los santos y al coraje de la división azul que había acojonado al mismísimo Stalin y partieron. Y tan sólo seis horas después aterrizaban en la llanura de Sidonia que tal vez tú, lector, conozcas por la historia de su cara y sus falsas pirámides que no eran tales sino el edificio de la Gobernación Civil. Y la cara. Bien, la cara yo os sugiero que busquéis una moneda de duro de las del 73 y luego me digáis. Las construimos las ciudades, construimos los canales con mano de obra marciana porque los marcianos son los auténticos judíos y masones que cazábamos en la gran ironía de este planeta rojo y por aquella época era de un cielo rico en fucsias y espejos y tenía ya hermosas llanuras de hierba roja en las que pastaban grandes gusanos invisibles con ubres de la que manaba la ambrosía junto a otras lindezas y por lo tanto para qué volvernos pensó algún ministro, algún lumbreras que quizá envidiaba a Manuel Fraga por sobrevivir a Palomares y por eso hizo que le dejáramos atrás seguramente y para qué volvernos a esa Tierra planetucho, repitió, que ya no respeta a España pues para entonces el Caudillo había muerto y habló así y la cosa cuajó porque ocurría que nadie de nosotros confiaba en este Rey vuestro ni quería que su patrocinio permitiera a los recién legalizados comunistas ahora llevar la aberración del marxismo a las estrellas y por eso lo mantuvimos en secreto. Poco a poco a golpe de gusano y de ambrosía sobornamos a Jim Carter sobornamos a R. Reagan, sobornamos a Mikhail Gorbachov, Neil Armstrong, la Tatcher e incluso tanteamos a Ceaucescu pero ya nos parecía demasiado despilfarro. Hicimos creer al mundo que ahí en el cielo no había gran cosa que buscar. Mejor mirar aquí abajo, pensar en lo humano a pie de calle más que nunca. Así creamos la poesía de la otra sentimentalidad y la de la conciencia, la muerte de la novela la ciencia ficción hard, volvimos loco a P.K. Dick, le dimos el Nobel a García Márquez y un Oscar a una peli con Chanquete. A nuestras órdenes el mundo todo hablaba de vosotros. Lección democrática de Transición llamada también Éxodo porque eso fue. Nos fuimos, os dejamos para que os rompierais todos a tomar por culo. Desde entonces Marte se ha llamado España, vive fuera de la ONU, hemos puesto nuestras bases en la OTAN, los colonizamos los satélites, los móviles, los grandes gusanos marcianos llevan en sus grupas tatuados el yugo y las flechas en perpetuo movimiento. Los marcianos reducidos a hombres topo bajo la superficie. No quisimos verlos más allá de sus jornadas de ocho a cinco pero les requisamos a sus niños, los vestimos con pantalones azules y los confirmamos a la verdadera fe de Dios Cristo, ese gusano inabarcable y nosotros los primeros últimos pioneros nos hicimos inmortales y llenamos la España verdadera que vosotros llamáis Marte con aquellos nuestros hijos putativos y os preguntáis entonces qué hago yo aquí, cómo es que he bajado, qué sucede en el lugar que narro, qué tremendo ultraje puede estar asolando España, ay mi España, la palabra más sabrosa de morder y os digo nada, en serio nada, sólo estoy descansando un poco frotándome las rodillas doloridas tras el aterrizaje de mi nave de cemento en la terraza de un chalet a las afueras de un Madrid que reconozco a duras penas y silbo una canción plomiza como el cielo de esta gran puñeta vuestra que ya debió estar muerta décadas atrás. No puede ser. A qué estaréis jugando. Pero ya no os preocupéis, no haya inquietud, no lloren, gente, pues yo no lo hago. A lo sumo una leve arruga en mi rictus viril de hispano me da igual que llaméis a la policía ,qué chalecos tan raros de color chillón son esos, no importa, ya no importa qué es un DNI. Ah bien, me lo dejé en el otro traje de cemento y ya no importa agente y a vosotros os lo aseguro muchachos y muchachas si queréis hasta podéis seguir mirando al cielo.

 

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