Mantenernos a flote – @CarlosAymi

Carlos Aymí @CarlosAymi, krakens y sirenas, Perspectivas

A todos los que somos uno más, pero luchamos para no ser uno menos.

 

Soy uno más. Solo eso. Lo compruebo al despertar, sin venir a cuento mi espalda se resiente de viejas heridas que creía olvidadas (ninguna cicatriz sana nunca del todo) y me regala por mi cumpleaños un reuma, un lumbago, lo que quiera que sea, pero un dolor que me recuerda que uno no sigue vivo sin pagar peajes. Sin embargo, poco me importará mi espalda tres horas más tarde. Cuestión de prioridades.

Soy uno más y por fin llega el email del que estoy pendiente desde hace meses. Si no fuera un escéptico radical en el tema, pensaría que el destino me gasta una broma cruel al esperar precisamente hasta hoy para recibirlo: me echan del piso donde vivo. La sociedad propietaria a la que pago mi alquiler religiosamente desde hace tres años, me notifica que en dos meses y diez días, fecha en que vence el contrato, me quiere fuera, a mí y a mis pertenencias. Por supuesto me oferta la posibilidad de quedarme… con una subida del alquiler que no puedo permitirme.

Soy uno más y fracaso como tantos otros. Ser honrado y trabajador no es suficiente moneda de cambio para estos días revueltos. Decido caminar y llego hasta la plaza de Sol. Caminar siempre me hizo bien y todavía es gratis. En el centro neurálgico de la capital hay una manifestación de jubilados que reclaman una pensión digna. Cantan consignas como ¡No nos mires, únete! Proclaman discursos donde enarbolan la verdad de que se han convertido en el sostén de los hijos y de los nietos, cuando en todo caso debería ser al revés, y no reclaman nada más que algo tan sencillo como una retribución justa.

Soy uno más mientras escruto los contrastes que encuentro en la plaza. También es una más la persona que anda disfrazada de Bob Sponja a la caza de una propina a cambio de una foto o de la pena; o el mendigo de cartel mugriento que ni se molesta en ir más allá de extender un vaso vacío de Coca-Cola (paradoja mediante) para pedir su limosna; o quienes portan el cartel al cuello de Compro Oro; y por supuesto quieran o no, también son uno más los turistas, los pocos gatos autóctonos y, los policías que velan con celo para que el extraño equilibrio de la fauna que conformamos no se eche a perder.

Soy uno más cuando regreso a casa y miro lacónicamente los cuarenta metros en los que fui feliz durante los últimos años, cuando miro los libros de mi biblioteca que no sé dónde acabarán en apenas dos meses, cuando contemplo las fotografías que deberán buscar otro refugio, como las entradas de conciertos y museos que conservo, como los billetes de avión… recuerdos que en los últimos años fueron recortados cada vez más porque la soga llamada falta de dinero, apretaba más fuerte bajo la amenaza creciente de la realidad.

Soy uno más en este océano cada vez más basto de precariedad laboral, de precariedad salarial, de precariedad existencial. El sistema, para nada anónimo como nos venden, nos quiere vencedores o vencidos. Juraría que le oigo proclamar: ¡Muerte a la clase media! ¡Muerte al Estado del Bienestar! ¡Cada vez los ricos seremos más ricos y los pobres serán más pobres!… Viejas letanías que sin embargo laceran mi carne con dolorosa actualidad nada apolillada. La verdad no solo decepciona, también duele.

Soy uno más de los que soñó con vivir en la gran ciudad. Uno más de los que con mucho esfuerzo y sacrificio lo logró. Y uno más de los que ahora le toca vivir la pesadilla de ser expulsado. Tengo dos meses de prórroga. Cada día se cernirá sobre mí la espada de Damocles de un nuevo piso o… Pero, ¿dónde voy a ir si los precios rebasaron las nubes de mis posibilidades hace tiempo?

Soy uno más y me hacen sentir que no es suficiente. Soy uno más que no para de escuchar que las circunstancias son así, inamovibles, que son ellas las que nos hunden, que no se puede hacer nada. Soy uno más y me lacera la idea de que ya ni siquiera escribir me salva. Soy uno más y cargo con el peso de la pregunta adecuada: ¿y ahora qué? Y con el vacío de toda respuesta que sea real, comible y habitable.

Y sí, soy uno más, solo eso… pero también todo eso. Y yo y tú y él, que solo somos uno más, vamos a conseguir mantenernos a flote, aunque solo sea, a modo de no concederles la victoria. Porque inventaremos el camino, la coartada, lo que haga falta, para dar los pasos necesarios hasta una sociedad mejor.

 

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