Mantener el paso – @martasebastian

Marta Sebastián @martasebastian, krakens y sirenas, Perspectivas

Toda la vida es lo mismo. Eres un bebe, no mides ni 75 centímetros, el mundo te parece enorme, un gran lugar que explorar, que cotillear… Y empiezas a gatear, luego a andar. Y te caes, una y mil veces… Y tienen que dejar que te caigas. Y que aprendas a levantarte. A seguir adelante. A no rendirte. Y superas ese primer reto. Y te sientes grande. Sin saber que vendrán mil retos más… Bueno, si sólo fueran mil.
Vas creciendo, siempre adelante, siempre paso a paso, intentando no perder el ritmo, sin tiempo para parar a descansar… Y oyes esa frase de “la vida es aquello que pasa mientras te paras a esperar que pase algo”. Y tú quieres exprimir cada segundo, cada momento…
La infancia pasa en un suspiro. Aunque a ti los días se te hacen eternos, los meses pasan lentamente, intensos… Muy intensos… Y hay tantas cosas que no comprendes, tantos nuevos sentimientos que no controlas, tantas normas que no entiendes… Tú sólo quieres correr, jugar, brincar… El peligro no existe. Puedes caminar por el borde de un barranco y no aminorar el paso. No. Siempre adelante. Y si tienes miedo, si de pronto aparece, una mano maternal (o paternal) es el mejor salvavidas. Pues es enredado entre esos brazos que te dieron la vida, donde nunca pasa nada malo (o al menos, nunca debería pasar nada malo).
Y llega la adolescencia. Y te sientes perdido. Miles de caminos se abren delante de ti. Y no es fácil. Nada fácil. Decidir cual tomar. Decidir cuál es el tuyo. El tuyo. No el de tus padres. No el de tus amigos. No el del chico o la chica que te gusta. El tuyo. Decisiones transcendentales en un momento donde las hormonas nos marcan el paso.
Y sigues adelante. La vida a veces te atropella. A veces te lleva a toda velocidad, cuando tú quieres estar quieto, cuando tú quieres parar, meditar, disfrutar del instante… Y no te deja. Y tú intentas marcar tu propio paso. Seguir andando. Seguir tu rumbo. Y sientes que el mundo está en tu contra. Que quiere que lleves otro rumbo, otro ritmo, otra dirección.
Y pasa la adolescencia. Y crees que todo será mucho más fácil. Que por fin podrás marcar tu propio paso… ¡Qué ingenuos somos! Siempre habrá gente, cosas, deberes, obligaciones… que te lleven (o al menos lo intenten) por donde tú no quieres ir. Y toca seguir luchando. Toda una vida luchando. Tú frente al mundo. Frente a las expectativas de otros. Frente a lo que se supone que tienes que hacer; a veces incluso frente a lo que se supone que tienes que sentir.
Y al final la vida es eso: Una lucha constante por mantener el paso que tú quieres, el ritmo que tú deseas, el rumbo que tú sueñas… Aunque cueste, aunque nos lo pongan difícil. No lo dudes. No pares. No te detengas. Sigue manteniendo el paso. Tu propio paso.

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