Mantener el paso – @_Marla_Sercob

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En aquellos momentos mi vida estaba llena de altibajos emocionales. Pasaba de estar completamente eufórica y de comerme el mundo sin casi masticar, a entrar en barrena y caer en la desolación más absoluta. Pasando de un estado a otro, el mismo tiempo que se tarda en hacer un chasquido con los dedos.

Y ahí me encontraba yo, en plena devastación. Ahí y en un hotel de gran lujo 5 estrellas. En una suite deluxe con impresionantes vistas a un mar de cualquier lugar del mundo.

Ya habían pasado más ocho meses de aquella escena en la que Daniel, mejor dicho, en la que mi ex se estaba follando en nuestra cama a mi mejor amiga. Que no, que mejor dicho, aquella escena en la que el cabrón de mi ex, se estaba tirando en mi cama a la puta de mi mejor ex amiga.

Es increíble el poder que pueden llegar a tener ciertos acontecimientos en tu vida. La forma en que ese hecho concreto que te marca para siempre, sirve de referencia para posicionar en el tiempo todas las cosas que te van sucediendo. El coche que te compraste antes de, el cambio completo de habitación después de, y así con todo.
Y con esta reflexión en mi mente, me di cuenta de que este viaje sería siempre el de después de.

Y cuando sucede ese desajuste de sentimientos, uno no puede echar la culpa de todo el frío al invierno y quedarse ahí hasta que llegue algo que te haga entrar en calor. Y yo no podía seguir siendo por más tiempo zona catastrófica en proceso de derrumbe, no podía continuar latiendo con un corazón helado.

Porque cuando uno comienza a escuchar de lejos los primeros compases de la caída, debe prepararse para irse. Dejarse caer despacio. Comenzar a rendirse.

Irse para caer. Caer por instinto de supervivencia. Caer por el simple hecho de cambiar de postura y darle otra oportunidad al corazón.

Que cuando una herida es por extrema necesidad, el pronóstico siempre es grave. Y es el momento de hacer una mirada al interior mientras se deja a un lado la lucha estéril de la autocompasión. Es el momento de romper con todo como única posibilidad de regreso.

No sé cuál será el destino que me espera, pero cuando te entra una ola de frío siberiano, lo único que se puede hacer es atravesarlo con todo el viento en contra. Convertirse en campo minado para buscar refugio a solas. Porque en plena guerra con uno mismo, se debe ser carne y bala a la vez.
De lo contrario, los monstruos permanecen de por vida en el sótano.
De lo contrario, es intentar coger aire cuando ya no queda oxígeno.
De lo contrario, es como esos amantes que pretenden añadir un puñado de besos a un amor que desde el principio ya estaba agotado.
De lo contrario, la tristeza empieza a hacerse amiga del cansancio. Y ya no habrá nada que ganar.

Y entonces me di cuenta de que no había mejor momento que ese. Que no había otra forma de volver a dormir que estando verdaderamente cansado. Lo mismo con la vida.

Y en esas sigo. Caer para buscar el equilibrio. Caer para mantener el paso. Para eso, y para después de que consiga levantarme, por una vez, las canciones de desamor dejen de hablar de mí.

 

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