Manicomio – @JokersMayCry

JokersMayCry @JokersMayCry, krakens y sirenas, Perspectivas

Los pasillos laberínticos de la locura están idealizados por las pobres almas que se aburren, ignorantes, moldeadas por manos torpes con brillantes anillos de oro que nunca podrán relucir en la oscuridad de la demencia. Su inestabilidad la hace perecedera, condenada a no permanecer, a desparecer tras los barrotes invisibles de una razón que escapa a todo entendimiento. Está condenada a transformarse, a mutar en riesgo, en miedo, en huida. Es un puente tortuoso que se derrumba con unos pasos de tacón para hacerse abismo.
Esa mirada de después del orgasmo, que incitaba más a otro sucio polvo que a una conversación, se cerró para mirarte a ti por dentro, obviando que yo sólo ocupaba un pequeño espacio de tu babosa vagina. Esa mirada, esa mierda, es como esa locura que cambia, que pestañea, que dilata sus pupilas, donde se emborrona la raya de tus ojos… la que mira el humo del cigarro de después del fuego, la que quiere atraer hacia sí la ropa para irse.
Como el techo, que parecía el cielo hasta que mi polla se arrugó como un mal poema en unas manos delicadas, o uno bueno en unas que son analfabetas. Un cielo nublado, o mi mirada estaba nublada, que se transforma en lo que es y sólo queda el aburrimiento de su blanca pintura.
Y yo te digo en las últimas caladas de tu cigarro que si quieres que te escriba versos en el vaho del espejo mientras te duchas, la ceniza cae en las sábanas, el cigarro se consume y tú te vas, porque la locura ya no habita en ti, porque la razón se ha puesto las bragas y se ha peinado para salir de casa. A mí me gustas despeinada, que tus mechones caigan por tu cara. Me gustas desnuda, me gustas cuando no eres lógica y te dejas llevar por la velocidad del impulso. Frenas, frenas porque tienes miedo a las curvas que vendrán. Joder, que nadie ha descarrilado volando.
Te levantas para vestirte y veo la mancha de sangre en la sábana, no sé si es tuya o que mi corazón ha sufrido una hemorragia interna. Es mía porque me duele verte vestirte mientras miras el suelo sin decir nada, pensando “¿Dónde está el tanga?” Y yo te miro a ti pensando “¿Dónde está lo que te trajo aquí?”
Te despides y te vas. Así es la locura, viene, te folla, quieres más y se va. Entonces es cuando estoy para encerrar en el manicomio de un papel en blanco, para enclaustrarme entre rejas con forma de líneas. Detrás de esa cárcel está mi rostro gritando mientras agito los barrotes con cien demonios detrás. Entonces es cuando ya he vaciado media botella de whisky, cuando el alcohol me abraza con sus correas de camisa de fuerza y cierra con dos vueltas de llave la celda. Me quedo dormido con la canción de Orfidal y mañana gritaré lo que no supe susurrarte al oído hoy, mañana gritaré más loco, más desbocado, sin cadenas. Mañana no habrá París, pero siempre nos quedará el Prozac y el manicomio de unos abrazos que me estrechen hasta hacer trizas cada uno de mis delirios. Mi psicóloga me ha dicho si tanto me cuesta follarme a alguien en la realidad. De momento, 60 euros la sesión, como las putas. No, en los puticlubs no hay que pagar zona azul.

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