Malditos ojos – @reinaamora

Reinamora @reinaamora, krakens y sirenas, Perspectivas

– ¿Hasta dónde sería capaz de llegar mi mente excitada? – Me he preguntado tantas veces.

Podría ofrecerte mi sexo sediento y ansioso; mis pechos firmes; mis pezones erizados y jugosos. Y podría ofrecértelos por el simple hecho de notar el roce de tus viciosos labios; de sentir sobre mí el tacto de tus grandes y ásperas manos… Podría, sí, al fin y al cabo es la fantasía a la que siempre recurro para llegar al orgasmo. Sin embargo, mi mente excitada me reclama otro tipo de lujurias, el éxtasis del egoísmo de mi eterno más y más… De mi instintivo y absoluto ciego deseo de encontrar más placer.

Quiero mis cinco minutos de cada hora pervirtiéndote. ¿Quieres los diez minutos en mi mente dejándote con ganas de más? Los tienes. ¿Quieres los quince minutos de mi éxtasis, de mi egoísmo de hembra desinhibida? Tuyos son. Pero aun así, no me basta…

Quiero que me oigas gemir, vibrar, jadear como una loba en celo. Quiero romper las distancias apoyando mi cara contra la pared y quiero bajar la cremallera de tus vaqueros con los dientes justo antes de perderme en tu desbordado sexo. Quiero que te excites mirando estos malditos ojos porque sé lo mucho que te gusta hacerlo.

Quiero enloquecer con la sensación de tu lengua ansiosa recorriendo mi cuerpo sin dejar un solo rincón por explorar, marcando con saliva el camino a la perdición, al templo de la pasión animal.

Quiero que me pongas de pie y que calmes la furia de mi alma a mordiscos rabiosos en mi cuello, mis pezones, mis brazos y piernas… para acabar en la encrucijada de mi sexo. Quiero sentir ese dolor, el de no poder controlarme, de no saber qué más vas a hacerme, satisfacer tus antojos, o sufrir la incertidumbre de no saber cuándo volveré a tenerte.

Pero, para ese comienzo necesitaré más de quince minutos…
 ————————————–

¿Cómo comenzó todo esto?

Repiqueteaban los ecos de aquellos pecados que dejamos medio olvidados en un rincón, abollando las paredes de chapa de la memoria. Aquellos recuerdos de caricias que dejaron marca; aquellos malditos ojos de mirada parda que consiguieron hacerme olvidar otras seductoras miradas verdes y azuladas. Sólo pienso ya en aquellos ojos y en la sensación que me invadía cuando me miraban.

Todos los sueños los he dejado en el trastero de lo prescindible, ahora es la culpa la que llena mis palabras y un solo nombre, cuya primera letra empieza en su olor y la última aún está por salir de sus labios. Pero soy totalmente consciente de que va a ser una condena dura de cumplir y saber que me espera el sufrimiento de no haber podido retenerlo la hace todavía más dura y cruda.

Amargo es el castigo que me hace sentir rabia, dolor, calor, frío, pena, fuerza… Aunque, a la vez, me hace sentir viva. Me haces sentir viva. Vendí mi alma al mejor postor y conseguí sus besos, su infinito deseo y su inquietante mirada. De alguna manera, mereció la pena y mil veces la hubiera regalado por mucho menos.

Su sonrisa me decía todo lo que yo necesitaba saber: noches inolvidables, únicas, miradas cargadas de vicio y pasión desbordada, de ternura y cariño.
¿Cómo puede tenerlo todo en un único parpadeo?

Llegó con su caprichosa sonrisa y su maldita mirada y me hizo perder la razón. Acabé dentro de su ropa, tocándolo, sintiendo las cicatrices de su cuerpo con mis manos, besándolo con un hambre animal, buscando su placer con mi culpa, ambas cosas gemelas. Lo deseo cada vez que lo pienso, cada minuto del día. Sus contradicciones, sus coherentes locuras, sus ansias de vida…Las quiero conocer todas y sí, me declaro culpable ante cualquier jurado, culpable de sentir que estoy viva. Me llamó, fui y me quedé y allí sigo todavía, si no en cuerpo sí en alma.
—————————————

Saco mi cuaderno, me relaja escribir cuando estoy nerviosa. El clima es agradable en las tardes de primavera.

Últimamente escribo mucho y bebo demasiada melancolía. Cualquiera verá letras sin sentido, líneas sombreadas. A veces me distraigo tonteando con el lápiz y pienso en una de las tantas mentiras que me digo a mí misma, pero sé lo que acabo escribiendo, siempre es lo mismo.

Termino dibujando con letras las curvas del deseo, la forma en que me toca el placer, tratando de seducirme, cuando contempla el mundo con soberbia como si fuera suyo y, en cierta forma, lo es.

Espero sentada sobre una mesa; tumbada en la cama, con sombrero y pajarita, desnuda, con el pelo tapándome la cara. Muestro mis manos, sonrío, me enfado, me muerdo los labios, fumo, me burlo de mí misma…Siempre me burlo. Y siempre hay un elemento común, un punto de referencia que siempre está ahí, torturándome, donde empiezan y acaban todas mis palabras: esas malditas miradas de placer que me embrujaron sin remedio.

Unos ojos armados con la fuerza capaz de atrapar a cualquiera y dejarlo sin defensa; una mirada que deseas cada día más y te odias por no ser capaz de resistirte a ella.
Me enveneno de vida cuando los recuerdo mirándome, abusando de mí, siendo conscientes de que no hacen falta barrotes que me impidan huir. Me retan para que los abandone porque saben que no podría hacerlo aunque quisiera y no puedo evitar sonreír con cierta tristeza.

Podría estar escribiendo horas, incluso días, pero seguiría siendo incapaz de explicar lo que realmente siento dentro de mí cuando esos malditos ojos me miran desde el espejo. En el fondo, quiero esa mirada sólo para mí porque esa mirada es la mía… Y maldita sea!

Te encuentro en mis mejores momentos de soledad, cuando más me quiero. Apareces sonriendo y te quedas sin preguntar si puedes hacerlo, y a mí me gusta que lo hagas…

Ven, Reinamora, toma café conmigo…

Visita el perfil de @reinaamora