Maldita herencia – @Safronina0

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Aplicando las Leyes de Mendel mis padres ya casi podrían saber qué iba a ser. Las probabilidades de que mis ojos fueran marrones como los de mi padre eran de un 95%, aunque no sabían que no sólo iba a heredar su color, sino también su miopía. Lo mismo iba a ocurrir con el color de mi pelo o mi altura. Mis manos también son de él, con los dedos largos y delgados, manos de pianista que suelen decir, aunque al final lo que cogí fue la guitarra. En cuanto a la estatura, y sabiendo que los genes dominantes eran los de mi progenitor, era bastante precedible.

Lo que no podían adivinar era si me llevaría conmigo alguna enfermedad genética, y menos aún sin saber que alguno de ellos la padecía.

Así fue como cuando contaba con 16 años, una especie de «ronchas» empezaron a invadir casi en su totalidad mi cuerpo, mi piel se transformó en escamas blancas y un intenso picor incontrolable. Llorar por no ser capaz de no rascarme; llorar al hacerme más que sangre por hacerlo.

Durante un año, ocultaba todo mi cuerpo. Hasta en plena primavera iba al instituto con guantes. Muchos médicos, muchos tratamientos y nada mejoraba, hasta que un día de repente desapareció. Decían que era de los nervios, pero mi vida era muy tranquila hasta que un día, empecé a parecer una leprosa.

Años más tarde aquellas escamas volvieron, creo que tenía 22 años y acababa de terminar mis estudios. Los picores y las vergüenzas volvieron. Aprendí desarrollar tics inconscientes, como remangarme hasta justo por debajo de los codos por mucho calor que tuviera solo para ocultar las placas, evitaba las faldas o los pantalones cortos, y cuando los usaba siempre cruzaba las piernas de la misma manera, la izquierda sobre la derecha para asi ocultar las placas de las piernas, y las manos agarrando las rodillas. El pelo por suerte se encargaba de las afecciones en la cabeza, aunque siempre había alguien cerca para decirte que tienes caspa. Aunque quieras olvidarte de ellas no puedes, sientes como la gente te mira cuando estás en la playa, o escuchas los comentarios de la señora que esta haciendo cola detrás de ti en el supermercado. Desarrollas un sexto sentido que hace moverte cuando alguien te esta acariciando y sus manos se acercan a las zonas de peligro, no por que tengas nada contagioso, sino porque su tacto es distinto, tu piel es rugosa y áspera.

Así fue como en mi familia conocimos a la psoriasis.

Lo llevas bien, lo llevas contigo, es crónico y es mejor no pensarlo, porque es algo sintomático y nervioso, es la causa y la consecuencia.

Mi coraza surgió a los 15, la de mi hermano a los 28, la de mi padre a los 60, y aquí estamos los tres, cargados de vergüenzas y esta maldita herencia.

 

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