Mal negocio – @martasebastian

Marta Sebastián @martasebastian, krakens y sirenas, Perspectivas

Hoy estuve con tus hijos. Estuvimos celebrando su cumpleaños. Sí. Hubo risas, bromas, anécdotas y buenos momentos. Y sí. Tu ausencia se sentó en la mesa con nosotros. Abrazándonos, contemplándonos y doliéndonos. Sobre todo cuando mi peque, tu nieta, preguntó por su abuelo. Y yo, otra vez más, no supe qué contestarle, no supe cómo explicarle que ya nunca te vería, que ya nunca le cogerías en brazos, que ya nunca jugarías con ella. ¿Cómo explicarle que ya no estás aquí? Y por unos instantes desee ser creyente, maldije esta cabeza mía que no me permite serlo. Me hubiera gustado serlo y explicarle que estabas en el cielo, observándola, acompañándola en cada paso, protegiéndola en los malos y buenos momentos.

Hoy estuve en tu casa, entre esas cuatro paredes que me han acompañado durante toda (o casi toda) mi vida… Y aún espero verte entrar por la puerta, aún me parece sentir tu voz recorriendo el pasillo. Es difícil. Mucho. Y admiro a tu viuda, mi tía a la que quiero como a una madre, tu compañera durante gran parte de tu vida. La admiro por su fuerza, su voluntad, su energía y su manera de amarte viviendo esa vida que teníais programado vivir juntos.

Hoy, por primera vez, después de tantos meses, mis niñas conocieron a su primo… Y te echamos tanto de menos… Hubieras sido tan feliz viendo a tus nietos juntos, jugando, disfrutando… Unidos como lo estuvimos (y estamos) tus hijos, mi hermana y yo. Y volví a desear ser capaz de creer que estabas en el cielo, mirando esa escena, sonriendo y sintiéndote feliz.

Pero está claro que en algún momento hice un mal negocio. Me quedé con la parte de echarte de menos, del sufrimiento que a veces da la vida, con la soledad que deja tu ausencia, con el dolor de no comprender que nuestro camino juntos se acabara tan pronto, tan de golpe… Y me quedé sin el consuelo de una vida en el más allá; sin la esperanza de volver a verte, sin las palabras que parecen solucionar esos momentos en los que no sabes qué decir…

Quizás hice un mal negocio. Tampoco quise regatear. Porque con cielo o sin cielo, lo único claro es que no estás y el dolor que eso me produce no lo calma ni el mejor trato, ni el más increíble cielo.

 

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