Lucha por mí – @_vybra

Vybra @_vybra, krakens y sirenas, Perspectivas

He debido perder el conocimiento.

Mis ojos intentan abrirse y solo consigo ver lo que me rodea por la escasa apertura de mi ojo izquierdo. El derecho permanece cerrado, por más que me esfuerzo en separar mis párpados, y noto mi ojo moverse rápidamente bajo la oscuridad a la que lo somete la sangre que solapa mis pestañas. Algo sube por mi garganta, caliente y espeso, rumbo a mi boca, y arqueo mi cuerpo por el dolor ardiente que me provoca. Vomito, sangre. Escucho voces tras de mí. No puedo girarme, pero reconozco las pisadas del chico moreno acercándose. Debe usar un 45 de pie y me resulta curiosa su manera de caminar apoyando y arrastrando el talón, como si el resto del pie para él no existiera. Sus manos son enormes y fuertes, cuidadas y suaves. Agresivas y letales. El sonido de sus dientes, rozándose entre ellos al hablar, hace que mi piel se erice, de miedo.

Está tras de mí, sus dedos pasean por mi columna vertebral con una delicadeza insultante. Sus diez armas sin calibre definido rodean mi cuello, firmes y con la presión precisa para que el aire llegue a mis pulmones. Escaso, pero suficiente para mantenerme viva. La sonrisa cruel del señor del pelo cano acapara mi atención, haciendo que pase desapercibida la barra metálica que sujetan sus manos. La mueve al mismo ritmo que sus pasos lo acercan a mí, siguiendo una melodía que no escucho, pero que podría asegurar que tiene ensayada de antemano. Nada es al azar en esta coreografía macabra.

Se detiene frente a mí y la luz de los focos hace brillar la plateada barra como si de una luna llena se tratase. Me hechiza su hipnótica magia metálica y el silbido musical que escucho cuando recorre el espacio hasta mis espinillas, golpeándolas con fuerza. No puedo gritar, el aire no me alcanza para emitir sonido alguno. Uno, dos, tres…. Golpes haciendo añicos mis piernas y la barra cae, al suelo, escandalosa y solidaria, ejecutando ella el grito que no ha salido de mi garganta.
Mis brazos parecen elevarse por voluntad propia, pero unas manos les ayudan decidiendo que ha llegado el momento de apresar con cadenas mis muñecas. No puedo mover el cuello, pero las risas delatan a los dos chicos de camisetas rojas como los artífices de esta maniobra. Tiran con fuerza, cada uno de un extremo de las cadenas, haciendo que mis hombros crujan mientras luchan por mantener mis brazos aferrados al resto del cuerpo.

Un sonido seco golpea el suelo y me alerta. Huele a piel o cuero, no sabría definirlo con exactitud, pero suena distante, aunque contundente. Silencio. La habitación parece ajena al tiempo y al mundo que nos rodea. Todo se ha detenido. Fuera, el sonido de un coche se aleja del edificio y un gato parece perseguir sus sueños entre maullido y maullido. Es piel, estoy segura. El sonido serpenteante del látigo rompe el silencio antes de arañar con su lengua mis pechos. Acaricia con delicadeza el suelo en su camino de regreso a las manos que lo gobiernan y vuelve a golpearme con dureza una y otra vez, hasta desprender mi pezón derecho de mi cuerpo.

El chico de ojos verdes observa la escena, divertido y excitado. Su ridícula polla se acerca a mi cara y sé que si pudiera moverme la mordería para arrancársela de cuajo y así borrarle la sonrisa de la cara. Se masturba frente a mí, cada vez más deprisa, mientras va clavando en mi piel finas agujas ardiendo que abrasan mi cuerpo con precisión. Las noto en mi interior, no se enfrían, quemando mi carne que se retira asustada por su cercanía.

Creo que podría volver a desmayarme en cualquier momento. El dolor no me da una tregua y hace ya unas horas que he perdido la cuenta de todas las heridas que me están produciendo. Les miro, con una mezcla de asombro y miedo, preguntándome qué placer encuentran en esto. El aire entra de nuevo en mis pulmones con fuerza y muevo con torpeza mi cuello intentando localizar a quien, hace escasos segundos, decidía si seguía otorgándome oxígeno como un regalo que cree que no merezco. Lo veo, aferrando con fuerza un bate de béisbol y sonriendo. Sus dedos señalan zonas de su anatomía, como si fuera un juego decidir sobre qué parte de mí descargar el golpe certero. Decidido, mi vientre, y el dolor del golpe rompe en dos mi cuerpo, a la vez que unas gotas de semen caliente salpican mi cara.

Aguanta Susana, aguanta, me repito una y otra vez mientras 10 puños golpean mi cuerpo. Aguanta Susana, ya queda poco y tú has accedido a esto. Aguanta Susana, piensa en las razones que te han llevado a grabar esta película por dinero. Él estará bien, se curará. Son solo unas horas de tortura a cambio de una oportunidad para hacer realidad nuestros sueños. Resiste Susana, todo va a acabar y tus heridas sanarán, aprenderás a vivir con este recuerdo. Ojalá pudieras escucharme, ojalá pudiera susurrarte al oído que te amo y un «Lucha por mí, vida mía, yo esto lo hago por ti. Por hacer eterno lo nuestro».

 

Visita el perfil de @_vybra