Los hilos que nos unen – @Imposibleolvido

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MADRID
Es de noche, luna llena. Un cielo oculto tras los edificios, negro, profundo y feroz tan diferente del cielo al cual estoy acostumbrada, de mi Málaga: claro y repleto de estrellas.

Corre una ligera brisa, apenas un leve soplo que trae helor a un largo día de lluvia ininterrumpida.

Se pueden oír, a lo lejos, los ecos de la ciudad, sirenas lejanas, coches, algún ladrido. El tic tac del despertador me desespera, cuatro de la madrugada, sola, en una ciudad que no es la mía. Mi cabeza me lleva al sur una y otra vez, anhelo el calor de sus días y la tibieza de sus noches; me remuevo en la cama, bajo kilos de edredón y mantas buscando un hueco que me cobije, un hueco que no encuentro, no esta noche.

¿Habrá alguien que se acuerde de mí?. Me preocupa mi hija, en Granada sola y en época de exámenes… ¿Estará comiendo bien?. Mi madre cumple en breve los 80, me enternece verla tan cariñosa con su pareja. ¡Ese Rafael tiene el cielo ganado!.

Me empiezo a impacientar, recuerdo el paquete de tabaco en la mesita del salón, me levanto y huyo de mi incomodidad. No quiero pensar, no ahora.

Enciendo la tele de nuevo un late night, otro engaña-bobos de palabras escondidas, mando en mano paseo por varios canales, nada que merezca la pena ver. Bajo el volumen, enciendo el cigarro, las volutas de humo me rodean, acomodo la manta del sofá y me acurruco.

En breve el aburrimiento hace mella, siento que voy adentrándome en un trance y apago el cigarro, cierro los ojos y me dejo llevar.

 

ESTEPONA
Cierro el libro y miro la hora, las 4:OO de la madrugada, Rafael hace horas que duerme, últimamente me preocupa, cada vez lo veo más despistado y torpe, ya no tiene edad para ir solo al campo a faenar. ¡Vaya, las hierbas que me hice hace horas que se habrán enfriado!; voy a calentarlas en el micro. Crujen mis rodillas al levantarme de la mecedora, aparto la manta a un lado, yo también tengo una edad. Meto el vaso en el microondas y salgo al baño, ¿estará mejor de la gripe mi hija?, me apena tenerla tan lejos, en otra ciudad, sola y a estas alturas de su vida cuando tendría que estar aquí en su casa disfrutando con sus amistades.

Yo la animo en esta su nueva andadura pero no dejo de estar preocupada por ella, el espejo del lavabo está bastante sucio, a ver si me acuerdo mañana de pasarle un trapo, apago la luz y salgo. Saco la infusión y vaya, parece que me pasé calentándola, ¿apagué la luz del baño?, voy a mirar, tengo que llamar por la mañana a mi hija.

 

ALHAURIN DE LA TORRE
¡¡¡Ahhhhhh!!!, me tapo con la almohada pero los ronquidos no desaparecen, ¡me dan ganas de clavarle el codo en las costillas!, ¡Diossss!. ¿Qué hora debe ser?, dentro de un rato sonará el despertador y tengo que preparar los bocadillos de las mellizas para la excursión… ¡las cuatro!. Me rindo así que bajo al sofá.

El gato araña la puerta del salón debe de haberme escuchado, le abro, se acurruca junto a mí y pongo la tele. Me tapo con la mantita amarilla, mi preferida, me enciendo un cigarro, las volutas de humo me rodean, ¿cómo estará mi hermana?, ¿seguirá con fiebre?, me jode pensarla sola y tan lejos.

Cambio de canal compulsivamente, no doy tiempo a escuchar hablar a las siliconadas presentadoras de los late nights, nada que ver a estas horas, ni gota de sueño, termino de fumar acordándome de la última comida familiar, las risas coreaban mi entusiasmo, cuánto te echo de menos hermanita…

 

GRANADA
No me entran estos últimos apuntes de metodología, noto el frío alrededor de mis tobillos, ajusto la manta a mi alrededor y me entretengo en el vaho que cubre la ventana, me lío un último cigarro antes de acostarme. Aquí en el escritorio con la única luz de un flexo y los pies envueltos en dos pares de calcetines de los chinos me acuerdo de las babuchas que mi madre quiso meterme en la maleta, antes de venir para Granada, y yo, cabezona, le dije que no, que no cabían más cosas. Me hace gracia tener que admitir que mi madre siempre lleva razón. La echo mucho de menos, espero que las cosas por la gran ciudad no se le hagan duras en exceso, el peso de su obligación también me pesa a mí, de rebote, aunque nunca lo haya verbalizado, sé que la idea de irse a trabajar a Madrid ha sido para que yo pudiese estudiar aquí.  Las cuatro en el reloj y yo estudiando todavía, me parece que en cuanto acabe el cigarro me meto en la cama….

 

FUENGIROLA
Acabo de escuchar un ruido en el garaje, miro el reloj pero no puede ser mi marido porque no sale hasta las seis de la mañana. No puedo dejar de sentir un estremecimiento que recorre mi cuerpo, sé que ha debido ser el viento. Sola y despierta como una tonta, seguro que mañana en la oficina me acuerdo de esta cama. Me levanto, el ruido del pipí al caer resuena en el baño, ¡qué grande se nos ha quedado la casa ahora que los dos peques se fueron…! Tiro de la cisterna y bajo la tapa, metódicamente.

Sigue lloviendo, ¿cómo le irá a mi hermana por Madrid?, miro hacia su casa, al final de la calle y veo las luces apagadas, cuánto echo de menos saberla cerca.

Nadie como ella para compartir un café, sonrío al pensarlo y me arrebujo en las mantas, ¿habrá nevado allí?, seguramente dormirá totalmente envuelta en capas y capas de ropa, ¡me río sólo de imaginarla!… madre mía, ¡las cuatro!, tengo que dormir.

 

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