Lolita – @netbookk + @_cara_cola

Ricardo García @Netbookk, krakens y sirenas, Perspectivas

Para ti, que ya lo sabes…

Me pongo a escribirte con muy pocas esperanzas, triste y agotado, sin saber si en algún momento podrás leer estas líneas; me siento sucio por el polvo del camino que llevo recorriendo los dos últimos años, siguiendo tus huellas, de pueblo en pueblo, de historia en historia, de vacío en vacío, mientras vas huyendo de tus propios fantasmas, llevándome a mí detrás. Pero hoy, viejo, sucio y cansado, siento que tengo que cerrar la herida que un día se abrió entre nosotros y me ha llevado a seguir tu sombra esquiva por todo el país.

Quién nos iba a decir, ahora pasados los años, que tu antigua y luminosa presencia se ha convertido en una pálida luz al fondo del largo y oscuro túnel de nuestra extraña historia. Tan tenue como el triste resplandor que arroja la vieja bombilla sobre esta mesa, en una habitación cualquiera de un motel barato a las afueras de una aburrida ciudad del medio oeste. Todavía puedo imaginarte apoyada en el borde de la hamaca de tela, con rayas azules y blancas que tu madre tenía en el jardín trasero, deslumbrando con la luz de tus recién estrenados doce años mientras, inocente, te pintabas las uñas de los pies durante aquellas calurosas y eternas tardes de verano en las que te dejabas mirar con esa languidez despreocupada de quien se sabe observada y se recrea en esa sensación, tan impropia de tu temprana edad. Me reconozco en la profunda huella que dejaste en todos los que te conocimos en aquellos días, en la imagen que esculpiste en nuestras almas con tu madura indiferencia. Siempre fuiste mucho más adulta que tu madre y mucho más infeliz, a pesar de su trágico destino.

Quién me iba a decir a mí, que ya me creía lejos de todas las pasiones del mundo; fuera del circuito del deseo y de sus tentadoras sensaciones que, al cruzarme en tu camino iba a caer como todos los demás, en la trampa de tu inocente languidez…

Después del accidente de tu madre, sucedió poco a poco, sin que nos diéramos cuenta ninguno de los dos. Te fuiste dejando conocer permitiéndome entrar en habitaciones de tu corazón que creías cerradas para siempre. Tú dejándote llevar por una curiosidad adolescente y yo por mi necesidad de reconocerme en una mirada limpia y fresca, sin pretensiones, sin muchas esperanzas, casi como un juego. Pero esa partida, plagada de temores iniciales nos fue descubriendo a los dos un mundo nuevo. Viste que yo no quería saber nada de tu apariencia sino de tu esencia; fuiste de nuevo creyendo poco a poco en mí y por ende, en ti misma, a pesar de todo lo que habías sufrido hasta entonces. Recuerdo, y sonrío, que eso te desconcertaba mucho. No sabías cómo controlar esa sensación, tú que hasta entonces habías impuesto las reglas de todos esos juegos te encontrabas metida en una partida donde eras un peón más, y no la reina…

Si quieres que te diga la verdad, realmente no sé cómo lo hicimos. Porque como siempre te dije, ese viaje interior hacia el fondo de nuestros secretos es siempre un viaje de dos. Uno puede querer mucho, pero si no hay química la partida de póker se convierte en un triste solitario, aunque en toda partida siempre haya un jugador que arriesga más y más fuerte. Quizá, viéndolo en la distancia, fue la falta de sustrato, el ver crecer nuestra intimidad poco a poco pero sin las raíces que puede llegar a proporcionar la esperanza, lo que nos llevó a créenos que podríamos intentar ser felices; a pensar que tendríamos alguna oportunidad de esquivar las balas que la vida nos ha ido disparando a los dos en estos últimos años. Nunca nos han dado de lleno, eso es cierto, pero llevamos ya demasiadas cicatrices compartidas sin que hayamos podido, por desgracia encontrarnos y tener el tiempo necesario para poder lamerlas con amor, yo las tuyas y tú las mías. Siempre la maldita distancia interponiéndose entre nosotros…

Aun así, nos hemos ido apoyando en momentos difíciles; y nos reímos en otros, acompañando nuestras reconocidas soledades en viajes imaginarios que realizábamos juntos a pesar de estar separados por miles de millas. Nunca me sentí más unido con nadie, ni tampoco más solo; e imagino que a ti te pasaría lo mismo. Nunca conocí cama más tibia que la que te calentaba con mi imaginación, ni placer más dulce y excitante que el de tus caricias imaginadas. Recuerdo tus enfados adolescentes cuando no podías salirte con la tuya, capaz de traspasar la barrera de las letras para destilar auténtica ira. Si en esos momentos hubiera podido abrazarte, estoy seguro que hubiera bastado uno, largo, silencioso y cálido para calmar toda esa furia despechada que iluminaba febril tu mirada.

Pero el tiempo impone su ley… Ahora, cuando termine esta carta, saldré al porche de atrás en este triste motel de carretera con el diario de tu historia que me hizo llegar Humbert Humbert desde la cárcel reposando en mi regazo y sobre él, un 38 cargado. Estoy listo para terminar el viaje que empecé al aceptar leerlo. Como Tadzio y el viejo aristócrata Gustav von Aschenbach, nunca nos hemos visto a solas. Nunca hemos podido pasear de la mano, charlando tranquilamente, por la playa del Lido. No ha habido oportunidad de amanecer abrazados, ni de escaparnos sin pagar de ningún hotel; no hemos podido reír, llorar o vivirnos como se debe siempre consolándonos en silencio separados por la distancia, y eso cansa mucho…

Ha pasado ya demasiado tiempo sin que haya tenido suerte en mi búsqueda y dudo que algún día podamos encontrarnos y he decidido que mi vida, así, carece de sentido. Quizá alguien, en algún momento lea el diario y la carta, uno detrás del otro y entienda todo lo que hemos pasado juntos, quizá no. Sólo sé que te amo profundamente, más que a mí mismo. Encerrada en las letras del diario he descubierto a una mujer maravillosa, cuyo único pecado fue, el de no haber sabido dejarse querer.

Siempre te amaré Lolita.

Profundamente tuyo.

John Ray.

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@_Cara_cola y yo hemos buscado por toda la playa del Lido el recuerdo sutil del Varón y su amado efebo adolescente, sin encontrarlo. Dura es la muerte en Venecia.

También recorrimos toda la Ruta 66 en busca de la sonrisa esquiva de Lolita, sin obtener resultados.

Estos son malos tiempos para la belleza y el amor. Nos tememos que ninguno de los tres consiguió alcanzarlo nunca…

 

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