Lo que todos dicen – @igriega_eme

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Necesito de una musa.

Hace tiempo abrí los ojos y al mirarme al espejo me di cuenta de que las letras me habían abandonado. Se habían enredado con las nubes del otoño y viajaron inertes hacia quien sabe dónde.

El crujir de mis pasos en la duela, y la ceniza de mi cigarrillo bailando en trapecistas equilibrios desafiando al vacío, iluminaron los abecedarios que guardaba en algún resquicio azul de mi memoria.

Aún podía escuchar el golpeteo de los gises rechinando trazos temblorosos en la pizarra verde de mis años cortos. Sin embargo, nebulosas subversivas, arrastraban en espirales invasoras, aquellos intentos niños de expresión, e incipientes castillos de ideas. Mis pasos bajaron hacia el sótano, donde una ciudad de cajas de cartón, almacenaba la historia académica de mi vida; giré sobre mis tacones y el gato asustadizo al vuelo de mi falda, alcanzó de un salto el último piso de la fila del fondo. El destino gato, había elegido al azar uno de los mundos de los cuales, arrancaría una a una las líneas que me ayudaran a construir sobre aquellas las hojas blancas, que reposaban ansiosas y temblaban hambrientas de palabras y oraciones, de párrafos y capítulos, de propósito y sentido.

Aquellos recuerdos encajonados, me deslumbraron con sus colores y sus figuras y sus brillos, los magentas, marinos y verdes, salían de los contornos proyectándose al infinito, como los sueños, como las ganas de que el mundo se hiciera pequeño para caminarlo en su contorno y limpiarlo de baobabs como me enseñaba el Principito. De tan redondo el mundo lo convertía en esferas que colgaba en el pino plateado de la sala cada Navidad.

Nunca supe lo que todos dicen sobre las reglas y cordura, quizá porque busqué mis letras en las filas de hormigas que marchaban cada noche, desde el portón herrado de la calle treinta y cuatro, hasta la esquina del asador de ladrillo desvencijado, donde tantas veces, las cebollitas cambray se vistieron de ceniza.

Quise convertir cada nota al piano en sílabas y monosílabos sinsentido para hacerte las más hermosas cartas de amor cuando me amabas. Todavía me arrepiento del atado que hice con todas tus cartas y el listón negro de seda china, el anillo de compromiso que tu madre te había entregado y los parasimpres grabados en el corazón de mi mente.

Nunca me entendí, el adiós que te dije ha sido el más largo y sonoro de mi vida,  no ha terminado, no terminará en esta ni en otra vida, quizá encuentre mis letras en las cartas que un día escribí.  Tal vez las encuentre cuando en otra dimensión estés aquí.

 

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