Lo que pesa la sangre – @CarlosAymi

Carlos Aymí @CarlosAymi, krakens y sirenas, Perspectivas

Llevo un tiempo queriendo escapar de mi cuerpo, pero a pesar mis esfuerzos sigue siendo una frontera infranqueable. Todavía. No es que esté a disgusto con mis brazos, con mis piernas, con mi polla, y de hecho, tengo toda la intención de regresar una vez consiga marcharme. Sencillamente quiero más. Sencillamente, estoy inoculado por el veneno que tan bien nos ha sabido suministrar nuestra cultura. El veneno de que nada es suficiente, de que ni siquiera todo lo es. Pero no nos engañemos, el veneno es viejo, nihil novum sub sole. En realidad no es un veneno sino lo que pesa la sangre, así estamos forjados.

Llevo un tiempo queriendo escapar de mi mente. Esa huida sí que sería rebasar toda frontera, dejar atrás todo código, dinamitar todo límite. Al fin y al cabo, los que dicen tener experiencias extracorpóreas abundan, y aunque la mayoría sean frikis o estafadores, parece que alguno es sospechoso de poner a la ciencia en aprietos. Así que yo quiero doblar la apuesta: lo imposible o nada. Agenciarme otra conciencia. Ya dije que todo no es gran cosa, y por qué conformarse con menos que mandar a la sangre a tomar viento. Eso sí, lo repito, no para siempre, que uno le coge cariño a sus fantasmas y a sus obsesiones.

Imaginemos por un ratito no estar limitados por nuestro peso, por el color de nuestro cuerpo, por nuestro sexo, por nuestra época, por nuestro dios. Nos creemos dioses, cuando somos simples bichos con capacidad para reflexionar sobre nuestra bichidad. Pero esta facultad (que no es despreciable, todo sea dicho), no nos eleva a las puertas de la divinidad, sino a simples bichos con pretensiones de divinidad. Romperé la metáfora por el bien de la comprensión: bicho quiere decir frágil, y la fragilidad (y el negocio) hace que históricamente nos hayamos mentido como bellacos. Así lo veo y así lo digo, pero indagaré un poco más en este punto, no vaya a ser que me haya dejado a algún enemigo sin irritar.

Recurro a una cita de Ortega y Gasset: “El lugar donde nacemos es la mitad de nuestra biografía.” Y recurro a un dato difícil de refutar: la religión que te inculcarán depende al cien por cien de factores ambientales. Vamos, que uno no sale musulmán o cristiano o judío por generación espontánea, ni tampoco agnóstico o ateo, si al menos el eco de la Ilustración, de la secularización, o de la decepción, no ha llamado a tu puerta de alguna manera. Así que reclamar que tu dios es la hostia, cuando el mérito que tienes para merecerlo es haber nacido en esa pequeña franja histórica y geográfica, me parece cuanto menos irrisorio, y fruto de un bicho que no quiere hacerse las preguntas adecuadas, no vaya a obtener respuestas de mierda. Otra cosa es la espiritualidad, de acuerdo, y abrir espacio a la duda y a las contradicciones. Por ese terreno, los bichos nos podemos entender sin necesidad de matarnos.

He descarrilado, sin duda. Yo queriendo des-abrazarme de mi cuerpo y de mi conciencia, y he acabado con todo mi Ego lidiando en el fango de la religión. Para morir lapidado con seguridad, me falta embarrarme en política. Así las cosas, cómo va a ser de extrañar que no lleve un tiempo queriendo escapar de este mundo.

Si resulta que el peso de las preguntas abruma, pero que las respuestas dan risa en el mejor de los casos; si resulta que vivimos en una sociedad libre donde poder elegir a nuestros manipuladores, y aun así es de los escenarios más codiciados en nuestros días, porque otras sociedades lucen todavía peor; y si dos guerras mundiales, dos millones de guerras comunes, y el infinito de lecciones a lo largo del tiempo, no da para más que un Siglo XXI con demasiados hijos de puta, con millones de indiferentes, y con muchísimas buenas personas que sienten por encima de todo una impotencia que les ata las manos, ¿cómo no voy a querer escapar de mi cuerpo, de mi mente, de este mundo?

Sin embargo ya lo dije, lo repetí, e insisto de nuevo: escapar sí, pero por un rato. Tal vez existan mundos mejores ahí afuera, pero elijo pelear por este. Aunque a veces desvaríe en busca de aire limpio, como terapia, como grito de supervivencia, como refugio temporal, el compromiso es con nuestra ciénaga. Llevo un tiempo queriendo encontrar el camino, buscando el estado de conciencia donde creer que hay salida, y aunque me encuentre rodeado de oscuridad y de monstruos, camino, camino con ilusión, y la ilusión hace luz.

 

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