Las promesas que rompí – @LaBernhardt

labernhardt @LaBernhardt, krakens y sirenas, Perspectivas

Mañana te prometo que te doy mi Bollycao…

…fue la segunda promesa que rompí y luego llegaron otras, tantas, todas.
Empecé a fallarle al mundo muy pronto porque a mí ya me habían roto una esperanza de las grandes demasiado temprano, por eso no le daba importancia a lo de no cumplir una promesa a nivel bollería, cromos y chapas de La vuelta a España.

Yo me creí su las abuelas no nos morimos, te lo prometo. Me lo creí tanto y con tantas fuerzas que cuando vi cómo metían su ataúd en el nicho, le dije a mi hermana que esa de ahí dentro no era la abuela, que ella no se podía morir y que yo no iba a llorarla, te lo prometo, Bea.
Aquella fue mi primera traición porque, y de aquello han pasado casi 30 años, no hay invierno ni verano que no la llore.

Bea siempre me promete que la próxima semana engordará un kilo, qué digo uno; tres por lo menos, tata. Te lo prometo.
Y siempre rompe su promesa con la báscula, que no ya conmigo pero que también, porque la semana del kilo de más nunca ha llegado y yo ya no sé de dónde sacar ilusión en creer, para perderla, una vez más y siempre cada semana, cuando ese cuerpecillo anoréxico entra por la puerta para recordarme que mi hermana no vive en él desde hace mucho.
Dice Bea que sigue prometiéndome un kilo más porque la miro con ganas de creer y yo sonrío y miro por la ventana. Sonrío y pienso que soy la hostia haciendo teatro pero esa sonrisa se me va cuando recuerdo por qué ya no actúo.

…Que tener ahora un bebé no me va a alejar de las tablas…

…me lo prometí y palmé.

No, no puedo coger el papel, es que Violeta es muy chica.
Ay, qué pena… me viene fatal ahora, la niña, ya sabes.
No, no puedo.
No, no ahora.
No, no, no.
No.

Mercadona tuvo mucho que ver en cómo de digna pude caminar sobre los trozos de mi promesa porque estuvo a mi lado, dándome calorcito con su nómina, que los críos gastan mucho, que vivir del teatro es imposible, que cuando Viole crezca, y yo que también tengo que crecer, coño; no seré nunca la Verdú, olvídate de eso, chica. Promesa rota que no encontraba consuelo en mi vida tranquila de asalariada a jornada completa y 30 días de vacas para volver al pueblo y qué mayor está la nena, ¿ves como lo del artisteo no es vida?, anda que no se vive bien currando en el Mercadona, que mi prima está en el de Rico Pérez y no veas…

…Ni quieras ver en lo que me he convertido, te lo prometo…

…eso te dije cuando, hace cuatro años, nos encontramos en un congreso de literatura hispanoamericana.
No dabas crédito: la titiritera que habías conocido en la facultad de Filosofía y Letras ya no hacía teatro y tenía una hija, una gata, una perra, un divorcio y una hipoteca.
Y trabajé en Mercadona, bendito sea, hasta que me llamaron de la bolsa.
Y te ríes y yo también, pero si me prometiste que nunca lo dejarías, pues ya ves que las promesas están para romperlas, como cuando me prometiste que volverías de Edimburgo y no lo hiciste.
Eso último lo pienso pero no lo digo, total ¿para qué?
Las promesas rotas van al cementerio de las cosas bonitas que nunca pasarán, y te miro con ojos de pasado.
Sonríes.
Te llamo un día de estos y nos tomamos un vino con calma, que yo también tengo que contarte mil cosas pero no te escabullas, titiritera. Quedamos, ¿vale?
Me miras, buscas un sí, un cuando digas.

Claro, claro que quedamos.
Te lo prometo.

 

Visita el perfil de @LaBernhardt