Las heridas que me matarán – @distoppia

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Mira que es fácil quedarse. Solo hay que querer. Lo pienso mientras salgo a coger un avión con destino Chicago. Taxi, dirección al cementerio. Aeropuerto, quise decir. No vengo sola, me acompaña una maleta que me sigue a rastras por medio mundo con cierto ruido de desaprobación. Dice que pago en kilómetros las deudas de la vida, que tanta tierra de por medio da para muchas tumbas y más de mil heridas.

¿Qué sabrá ella del amor, si el único sentimiento que ha aprendido ha sido el desarraigo interior? Ella, que me ha visto despedirme. Yo, que nunca quise aprender. Doctora en mil y ninguna formas de saber decir adiós. Siempre hay dos besos de despedida que parecen un disparo al corazón.

Embarquen por la puerta veintitrés. Pasajeros con destino a su tercer año fuera de lugar. Trescientos viajeros y estos cuatro millones de dudas con sombrero tímido y jersey azul. Que nadie me quite mis cinco minutos de pensar en volver justo antes de despegar. Maldito avión. Maldita huida a ningún lugar.

Tomábamos cerveza, cuando preguntó «¿Y no será que el problema no son las ciudades, sino tú?». Maldito puñal. Será que todos mis aviones tienen miedo a volar, que me salen alas en tierra firme, que siempre termino buscando el mar.

De Chicago, el Michigan. De Madrid, volver. Lo de quedarme no lo llevo nada bien. Perdí seis vidas esperando un «quédate» y estoy malgastando la séptima buscando el eco de mi propia voz. Buscándome. Al final de una novela. Al principio de aquella vieja canción. Yo solía ser de alma blanda y decisión serena. Malditas dudas, maldito caos. Ahora tengo el humo de ocho cigarros nublando la razón.

Disculpe, azafata, ¿este aterrizaje cuenta como emergencia? Necesito perdonarme y volver a empezar. Un cuaderno, un poema la vida o la ficción. Nueve horas de vuelo para terminar llegando al mismo destino: yo sin ganas de mí. Una Ceniciente sin ganas de bailar. Sólo un reloj por dentro que me dice cuándo ha llegado la hora de correr. Ya en la aduana, ¿algo que declarar? Sí, señor agente, estas diez huidas que me matarán.

 

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