Las cosas son así – @soloparatuitear

Zarathustra Callao @soloparatuitear, krakens y sirenas, Perspectivas

Otra noche más sin dejar de darle vueltas a cada respuesta que dio. A cómo pudo decidirse sin tener nada claro lo que quería. A por qué lo aceptó sin llegar a entenderlo, sin poner patas arriba la situación como hubiera hecho antes. Otra noche que intentaba agotarse pensando para poder dormir.
Fue una de esas decisiones que se toman inconscientemente antes de llevarlas a cabo y después te arrastran, te superan, te ahogan y como te descuides, te fulminan. Atrás iban quedando imágenes de momentos increíbles, de los que, inocente, piensas cuando vives que serán inolvidables. Diluyéndose entre un montón de intentos de rescate que ensuciaban los recuerdos reales.
Mañana será otro día, mañana tengo pensado hacer, de mañana no pasa que, hasta caer exhausto y desmayarse un par de horas. Para despertarse con el mismo vacío y esa desagradable sensación que concede mirar, desde el fondo del pozo, la vida hacia arriba.
Una ducha y a la calle, continúa la función, mezclándote con el gris de esta gente que ya nada aporta y esperando que caiga el tiempo a bocajarro sobre tu día. Y volver a intentar dejar de sentir, único sitio en el que no duele tanto la vida.
Llegará un momento en el que deberás plantearte por qué seguir. Y entrará en el escenario la dolorosa solución, callando voces, gritos, en tu cabeza. La salida está en la pregunta, ¿para qué estoy aquí? Para poder responder y al hacerlo, mover algo por dentro, y al mover, saber que no es un pensamiento, son las entrañas mismas las que nos llevan en vilo, son las que nos piden calma y tantas veces guerra, son las que claman atención y al hacerlo, olvidamos que somos máquinas de razonar, que podemos movernos, correr, saltar, follar y querernos, odiar y matar, sonreír un momento o no parar de llorar.
Por eso, debemos girarnos y caminar hacia otro lado donde seamos nosotros los que movamos a los demás. Sin importarnos por qué, ni cómo, sino a quién. Entre esa gente gris hay que volcar mil colores, mancharlos, joderlos y presionarlos, hasta que se despierten. Hasta hacerles gritar. Hasta que nos den lo que tienen dentro. Y no pararse nunca a pensar sobre ello, sólo intentar disfrutar.
Y si no me contáis otro cuento, he de decir que las cosas son así.

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