Ladrón de ilusiones – @stay_unbroken20

Vicky Grande @stay_unbroken20, krakens y sirenas, Perspectivas

Nunca ha sido capaz de ilusionarse, no porque no quisiera sino porque tenía miedo ya que sabía que las ilusiones al igual que se crean, pueden romperse, y cuando eso ocurre el que peor sale no es aquel que las crea o las rompe sino la persona que terminó por creerlas.
Nunca antes se había imaginado que terminaría atrapada en eso que en su día dijo que no haría, pero ya sabéis, “nunca digas nunca”
Y lo hizo, se ilusionó pero también acabó jodida. Rota como nunca antes lo había estado, dolida, llena de heridas que nadie veía porque iban por dentro y ella se negaba a que pudieran verlas. No quería que los demás supieran de su existencia, no lo veía necesario, o quizás solo tenía miedo de que alguien, al saber lo que escondía bajo la piel, cogiera y metiera el dedo en la herida, tocándola, haciéndola sangrar, haciendo que duela aún más.
Fueron ilusiones llenas de besos, abrazos y muchas caricias de por medio. Con kilómetros estorbando y sentimientos que rompían la barrera de la distancia convirtiendo esos miles de metros en simples centímetros.
Corazones que se acariciaban mutuamente, que latían al mismo compás coordinados como dos bailarines que lo daban todo en la pista de baile.
Pero como he dicho, todo fue pasajero y para cuándo quiso darse cuenta habían terminado su último vals. Ella quedó allí, él se fue sin mirar atrás, pero no se fue solo, le había robado lo más preciado que tenía, eso que antes latía con fuerza ahora ni siquiera tenía sitio en su propia casa. Se lo había llevado pero no para cuidarlo sino para todo lo contrario, se limitó a jugar con el como si fuera un balón de fútbol, patada tras patada, hasta que le dio la última y lo mandó tan lejos que a día de hoy, su pecho sigue echando de menos a su fiel compañero.
Después de aquello nada volvió a ser lo mismo, ella no volvió a ser la que era y todo por haber creído en lo que siempre había dicho que nunca creería, las ilusiones, las que él creó para luego quitárselas.
Qué cabrón aquel ladrón de ilusiones que la llenó de vida para luego irse sin más, dejándole cadenas a las que siguió atada por decisión propia hasta que logró entender que quizá, lo que necesitaba, no era otra cosa que su propio amor.

 

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