La vida – @shivisc

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Todo este silencio comienza con una vida que surge con una historia.

Hubo una vez un milagro que cualquiera pudo rechazar y decir no. Para una admiradora de milagros,  el rechazo a la vida es soltar la mano de Dios.

Solo una rara especie de individuos nos aferramos a la mano invisible de quien suponemos nuestro creador y sin sombras a nuestro lado sentimos una cálida y luminosa que no permitirá que la luz se extinga dentro de algún callejón donde reine oscuridad.

Hay quienes tienen la firme creencia que la vida brota del deseo, amor o planificación.

Otros sabemos que brotan por obra de milagros que llegan a término y finalmente puedes darle rostro a un sueño y contar los pequeños dedos que esperaste con ansias contar a lo largo de muchos años de tu simple existencia.

Tan frágil que es la vida y tan fuerte que se aferra a no extinguirse con facilidad.

Hubo una vez una vida que no estuve dispuesta a rechazar. Ni con todos los contras encima, ni con todo el mundo por delante diciéndome que habría tiempo y encontraría el momento ideal.

Los que sabemos de milagros, entendemos lo que cuesta volverlos realidad. La vida, es uno de ellos.

No sabemos cómo sí sabemos quién. Toda vida nos escoge a ciegas con la esperanza de convertirnos en la luz que verán sus ojos y los brazos que habrán de explicarle de qué trata todo lo nuevo que comienza a experimentar.

Sabemos que los milagros surgen como surgen las semillas que nadie plantó pero crecieron y se abrieron paso entre la tierra, el camino, la banqueta o el asfalto.

Nadie los espera o cree posible. Quiero pensar que así nos abrimos paso y surgimos como humanidad que coincidió en el momento exacto de un caos que giraba sin orden aparente pero orquestado por la singularidad de una mano sabia.

Quiero pensar que la vida busca el modo y Dios provee las formas.

Solo así podría entender tantas cosas tan complejas como el momento de la inseminación o procreación. El nacimiento de nuevas estrellas y la extinción de viejos soles. El paso de huracanes que se llevan todo y preparan el suelo para comenzar de nuevo. Las tormentas con sus brazos que igual arrancan desde un árbol como dejan intacto el jardín de unos niños jugando.

Hablar de vida es hablar de cada átomo que conforma un sueño, una teoría llevándose a cabo, una madre y su vientre o los pájaros emigrando buscando el nuevo refugio de sus huevos. La tierra fértil por bondad de la naturaleza. La tierra infértil siendo restaurada por el hombre.

Me extiendo y condenso y solo sé esto:

Quien ha tenido la tarea de sembrar vida sabe que no resulta tan sencillo como suponen ni tan duro como quien renuncia a ella.

Bienaventurados quienes deciden abrir los ojos sin saber qué esperar y agradecen el regalo y la oportunidad de descubrirlo.

 

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