La ventaja de no querer saber – @LaBernhardt

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No puede mirar a una BlackBerry porque le recuerda cuántas mentiras hacen una verdad, menos mal que esos móviles cayeron en desuso. La ventaja de no querer saber es que puedes rehacer lo feo en bonito, eso se repite cuando todo es una mierda.
Pero está segura de que más de muchos ya han hecho eso de engañarse tanto que no recuerda qué fue verdad y tan bien que ha olvidado que todo fue una gran mentira.
Ese todo empezó un día de vacaciones, en Gijón.
No recuerda qué comentario la hizo ponerse en alerta pero sí, y de ese bocado en el estómago no se ha podido escapar, de la certeza que la tumbó: algo pasa.
De ese viaje, que se hace humo cada vez que lo recuerda, le queda un imán. Cuando todos los cabos sueltos quedaron bien atados, se convirtieron en cuchillo. En uno afilado y asesino, que la despedazó por dentro. Entonces, guardó el imán de Gijón. Sólo lo volvió a sacar cuando se aseguró que las heridas no se volverían a abrir.
Fue una tontería, hablaban del Ribera de Duero que se habían pedido y su chico mencionó a una tal Juana, que si era enóloga, que si pobrecita que tuvo que soportar al gilipollas del hermano de Paco…Fue en ese momento, justo ahí, delante del tinto y unas almejas cuando supo que nada era ya lo que hasta hacía 10 minutos había sido una vida feliz.
Decidió no querer saber, no escucharse ni escucharlo a él. Naderías, silencios cómodos de una pareja veterana, ningún tema relevante que la requiriera sobria en esa cena. Por eso se pilló un pedo mítico.
Cuando llegaron al hotel, no recuerda cómo, su chico la desvistió, la metió en la cama. Recuerda que abrió los ojos y le dijo, llorando, tengo miedo.
Él le contestó un estoy aquí que sonó hueco. Por segunda vez, en unas horas, volvió a no querer saber.
De lo que sucedió en los siguientes días o siglos sólo se acuerda cuando, alguna noche en la que se le olvida tomar el Deprax, no puede dormir.
Recuerda que los cambios de humor de su chico quedaron unidos para los restos a la BlackBerry.
Un BBM que lo hacía estar eufórico, otro que lo dejaba con un humor de mierda el resto de la tarde…daba igual en dónde, con quién se encontraran; nada ni nadie importaba más que el puto móvil y quien vivía en él.
La ventaja de no querer saber te ayuda a vivir cuando te has muerto por dentro, sí. Lo verdaderamente difícil en esos casos es no caer en la bajeza de espiar, de romper la confianza.
—¿Pero qué coño me estás contado, tía? ¿Bajeza? ¿Romper su confianza? Anda y vete a la mierda; le coges el móvil y te enteras de todo, coño, que en descuidarte están planeando su boda, y tú, ciega porque no quieres ver.
Su prima se lo dejó bien claro cuando un día ya no pudo callar más y explotó de tanta certeza.
Nunca miró su móvil, ¿para qué leer un dolor que ya te ha roto?. Decidió que tenía dos caminos: largarse sin gritos, dramas, reproches…o quedarse.
Decidió el camino difícil, esa fue su conclusión.
Se inventó un cuento y una noche, en la cama, se lo contó.
Hace muchos años, dijo, salí con un tío de Granada. Nos veíamos a diario, de septiembre a julio. Yo pasaba mucho tiempo en su piso. Nos llevábamos de puta madre, la verdad, porque él me dejaba mi espacio y yo, a él, el suyo.
Sucedió que una tarde, tomando una cerveza, lo noté distinto. Nada había cambiado pero todo era extraño, como cuando hueles a lluvia en pleno día de sol y al cabo de un rato todo se vuelve gris y agua. Así me sentí pero decidí no querer saber. Una tarde, después de follar, encontré en su cama unas braguitas que no eran mías. Se habían quedado en un hueco, en los pies.
Me vestí y le di un beso, hasta mañana, dije. Pero no hubo más citas.
—¿Y por qué me cuentas eso?, me preguntó mi chico.
—Te cuento esto porque desde entonces aprendí algo: cuando sabes que algo ha pasado, pasa, está pasando…debes preguntarte si es una ventaja el no querer saber y si vale la pena perdonar y dejar olvidado, a los pies de la cama, algo que no es nuestro.
Yo he apostado por ti y cada día me repito algo: no quiero saber qué pasó.
Se abrazan fuerte, lloran hasta que se quedan dormidos.
La ventaja de querer dormir a su lado es tan grande, tanto como para vivir sin querer saber.

 

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