La princesa y la actriz porno – @GraceKlimt + @Imposibleolvido

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Llovía de nuevo aquella noche, Paula tenía entradas para ir a ver al ballet Ruso, su padre siempre le reservaba el mismo palco el primer día que la compañía tocaba Madrid. A las ocho de la tarde tendría a su chófer personal en la puerta del hotel, su marido iría al teatro directamente desde la oficina. Paula ordenó a su personal de servicio que su pequeño estuviese acostado a las ocho en punto, pidió que le prepararan la bañera y se dispuso a elegir ropa en el vestidor.

«Lluvia, lluvia, lluvia. ¡Maldita lluvia!» Iba pensando Sofía mientras intentaba guarecerse bajo el balcón de un edificio. Tenía un casting a las ocho de la tarde en la Gran Vía y no tendría tiempo de pasar por casa al salir de la zapatería donde trabajaba para cambiarse. Aspiraba su cigarro con ansia contenida, mientras iba repasando si tenía todo en la mochila, los resultados de los análisis, dos conjuntos de lencería diferentes, dos pares de zapatos altos, el maquillaje, su peluca… ¡Había olvidado su peluca rubia!, Sin ella se sentía desnuda en los rodajes, qué ironía, tendría que llamar al compañero de piso para que se la acercara lo más rápido posible.

Sonaba la Sonata Claro de Luna de Beethoven en el hilo musical, y Paula acariciaba la seda del vestido de noche al compás. ¿Hacía cuanto tiempo que no vibraba con la música?, ¿era su cuerpo una jaula que ya no retenía nada dentro?, ¿había algo en el mundo que la pudiese emocionar? <<…un flash, solo un instante, cruza su mente, destellos rojos, luces y sombras, el tic tac de una cuenta atrás, un grito desgarrando el silencio, la hoja de un cuchillo brillando, tensión, sangre, los dedos de los pies tocando las nubes, alcanzar el nirvana, paz…>> Paula agitó la cabeza, impecablemente peinada para la noche, y se volvió a vaciar.

El coche no frenó, levantando una ola de agua sucia que salpicó a Sofía, sacándola de un golpe de sus pensamientos enredados en una peluca rubia. Su imaginación montó de un brinco en el asiento del copiloto, sintiendo las gotas de lluvia en la cara, siendo libre como siempre quiso, como nunca pudo. <<… un flash, solo un instante, cruza su mente, golpes en una pared, oscuridad y brillo, el tambor de la ruleta girando, otra muesca, silencio rompiendo el ruido del mundo, músculos apretándose, gotas manchando el suelo, las yemas de los dedos de las manos convirtiéndose en pájaros, la cumbre, paz…>> Sofía escuchó las bocinas de los coches, cruzó corriendo la calle, y volvió a la ciudad.

Paula miraba distraídamente por la ventanilla de su derecha buscando, en las imágenes  que pasaban fugazmente, algún punto donde anclar su mirada, mientras toqueteaba el colgante que descansaba sobre su pecho. Notó como el vehículo aminoraba bastante su marcha así que se inclinó hacia delante buscando entre los paraguas que se arremolinaban en la acera alguno que cobijara a su marido.

Corría como alma que lleva el diablo, con los bajos del pantalón chorreando, el pelo pegado a la cara, y tarde, una vez más, Sofía llegaba tarde. Su enfado era ya mayúsculo cuando, intentando atravesar la barrera humana que flanqueaba la entrada del teatro, se dio de bruces con un pecho ancho embutido en un elegante abrigo de lana. Levantó la mirada para disculparse y…<< Un flash, solo un instante, sus manos abofeteándola mientras la ata a aquella argolla oxidada, jadeos, dolor lacerante en sus entrañas, sangre entre sus muslos,  rabia, billetes lanzados a sus pies, risas satisfechas, humillación…>> ¿Carlos?

¿Quién  era aquella muchachita desarrapada que sujetaba a Carlos de las solapas del abrigo?, ¿por qué él tenía la cabeza bajada?, ¿se conocían? … De repente Paula se irguió en el sillón, vistiéndose de autoridad, y pidió al chófer que bajara con un paraguas.


El sótano huele a humedad, sudor y sangre. El martilleo insistente de una gota que cae desde la tubería, clic, clic, clic-clic-clic, clic, clic, clic-clic-clic, le taladra la cabeza, obligándola a abrir los ojos. No recuerda ya el tiempo que lleva amarrada a la columna, su cuerpo forma parte ya de allí. Siente lejano el dolor, y toca con las puntas de los dedos los billetes esparcidos por el suelo. << Un flash, solo un instante, Beethoven sonando el algún lugar lejano, un alma gritando dentro de un cuerpo vacío ayúdame a escapar…>> La ve acercarse sonriente, con el cuchillo ensangrentado. “Ha sido maravilloso, ¿verdad, princesa?”, le pregunta mientras corta las ataduras. Paula la besa, y se llena.

Borbotones de sangre salen de su garganta cada vez que intenta un grito. “Paula, esto no tendría que acabar así, ¡Paula, ayúdame!”, pero no sirve de nada. Tendido en el frío suelo de lo que hasta hace poco fueron sus dominios, y ahora es ya casi su tumba, ve a la chica de la peluca rubia -¿de dónde sale esa peluca si nunca la tuvo?- alejarse de él sin mirar atrás. Los billetes que pagaban los servicios de esa maldita puta se han convertido en alfombra para ellas. Todo ha salido mal, y ahora, sólo es espectador de su propio final. Cae el telón en su mirada, y por fin, oscuridad.

Se relame, aún con las manos goteando la sangre de ese maldito cabrón. Ellas no se venden, y al fin él lo ha entendido. Nunca antes la había visto, pero cuando apareció de la nada, bajo aquel paraguas, y les gritó “¡Subid al coche, los dos, ya!”, Sofía sintió que la estaba gritando sálvame. Y eso ha hecho. La ha salvado de su ridícula vida. << Un flash, solo un instante, carreras, nervios, alas quebrándose antes de nacer, ganas de ser pájaro…>> Sofía suelta el cuchillo, pisotea los billetes, abraza a Paula, y echa a volar.

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