La primera mentira – @reinaamora

Reinamora @reinaamora, krakens y sirenas, Perspectivas

¿Me quieres solo para ti o me quieres así, sin más?

Ayer lo supe. La primera mentira, en realidad siempre lo supe, pero nunca quise admitirlo. Me engañé a mí mismo durante demasiado tiempo, saltándome mis propias convicciones por una sombra de ojos que me hipnotizó desde el primer día que me arrastró a su boca. No era para tanto. Esa mujer no era para tanto ni yo fui para ella. No era para ella, no era para sus ojos.

La primera mentira. Su obsesión me confundió, nunca antes me había pasado.

La forma en que quería poseerme, la forma en que me quería para ella, al principio me hacía gracia, me divertía la forma en que quería dominarme, la forma en que quería controlar cada unos de mis pasos. Quería que caminara siempre hacia ella, de una forma u otra.

La primera mentira. Quería que pensara en ella cuando trabajara, cuando escribiera, cuando me acostara con otras.
Quería que pensara en ella cuando una mujer susurrara mi nombre al hundirse en el placer, quería que imaginara sus labios llamándome. Quería que fuera su obsesión, que apareciera su cara, sus ojos, en cualquier beso que me dieran, en cualquier polvo que echase. Quería que la viera en cada momento de mi vida, en cada mujer que conociese. Y que volviese a su lado, siempre que me llamara. Y lo consiguió. Caí en ella, caí en la necesidad de sus manos, de sus ojos mirándome, de las lágrimas, falsas o no, cuando sufría por no estar conmigo.

La primera mentira. Siempre supe que me quiso.
Me quiso a su retorcida manera, obsesiva, impulsiva, egoísta. Lo supe cada vez que follábamos, cada vez que me sonreía. Cuando repetía los versos que le escribía, borracho en cualquier bar, roto de dolor, como siempre he estado.

La primera mentira.
Aún pienso en ella, en la necesidad que yo mismo tengo por su cuerpo, por su cara, por sus manos.
Las ganas, la adicción a sus ojos. La adicción a su boca, que solo se cura cuando me besa y aumenta cuando para. Las ganas que tengo de desnudarla salvajemente, sin compasión, de caer dentro de ella, de que me reviente a polvos, de reventarla yo, sin miramientos. Siempre me he odiado por ser así, por haber caído en eso. No. Ya no. No soy un perro al que dar órdenes. Y ya me he cansado de sentirme así. ¿Quiere verme? Tiene fotos, tiene versos, tiene dibujos, recuerdos con los que darse placer. Esa distancia me duele mucho más a mí, pero es necesaria. Lo necesito yo, exclusivamente yo. Necesito desintoxicarme de la necesidad de quererla, de follarla como si no hubiera un mañana. No puedo dejar de quererla. A su manera me quiso y sé que me quiere, aunque sea de una forma tan destructiva. Y a mi manera no la quiero pero tal vez la quiero. Tal vez quiero reírme junto a ella, sin pensar en ningún mañana. Dejarnos llevar por la música junto a una cerveza y un cigarrillo. Y todo lo vivido, y todo lo pendiente por vivir se funden mientras me ahogo en sus ojos profundos.

La primera mentira.
Atreverme a vivir con ella lo que sea que nos quede. No sé si odiarme, hacerlo o desaparecer. He vivido lo fugaz de la existencia, puede que me marche o se marche. No sé si me necesita, no sé si creerla, entonces la veo. Y su mirada amenaza con dominarme de la misma forma que mi permufe la sigue obsesionando.

Cuando no me quede tinta, te escribiré directamente al alma. Mirándote. Esa será la única verdad.

 

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