La peor canción de Sabina – @distoppia

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He venido a romperte un texto en este pedazo de papel. (Disculpen, señores, la osadía, no quisiera que confundieran mis palabras con cualquier rima desesperada). Anotado en un pequeño cuaderno que me hace las veces de valiente redentor, traigo en el bolsillo todo lo que una vez sentí en la historia, fíjense, en la historia que nunca existió:

Mi cara de tonta de aquel martes de septiembre, mi corazón latiéndome en la boca, (parecía que nunca morirían las prisas por vivir), mi sonrisa después de que llegaras con todos tus caballos, con todas tus legiones, mi “no sé cómo he podido vivir sin ti”.

Prendiste la mecha con un beso a deshora y ya nunca tuvimos solución. Contábamos entonces los tesoros a manos llenas: las madrugadas de vino y rosas, los paseos de la mano por Gran Vía, los trenes que no querían salir de Atocha, la voz de Dulce Pontes incendiando el cielo de Madrid.

Pero el paraíso se volvió ayer. La guerra llegó a Macondo. Sucedió que tuvieron miedo los valientes y los cobardes no quisieron huir. Perdieron su luz todos los cuadros de Sorolla. La soledad de dos cuerpos desnudos en una cama vacía de porvenir.

Y fuimos nosotros la peor canción de Sabina, el chiste malo de la cena, un último beso con sabor a decepción, un poema de amor menos un enamorado. Aprendí tarde y con mala nota que no por volar más alto consiguieron mis ganas llegar más lejos, que no quisimos querernos más, que no supimos querernos menos.

 

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