La chica del calendario – @LaBernhardt

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Basilio.

No tener suerte en la vida te la complica mucho…

…y Basilio no había tenido suerte hasta que el 17 de noviembre de 1.982 le tocó la lotería. Había trabajado como transportista desde los 23. No tenía casa porque su padre se la había apostado en una timba de poker y decidió recorrer mundo encima de un camión de la empresa Belando’s. Basilio, que por aquella época no tenía ni idea de inglés, solo atinó a pensar que trabajaba para alguien que o bien no sabía escribir o peor, le había puesto el nombre de puticlub a la empresa. Acertó casi al completo porque el tal Belando era un hombre de a lo sumo 100 letras que se conocía todos los clúbes de la AP7. No fue un buen jefe, la verdad, pero lo dejaba dormir en la cabina cuando no estaba de ruta, y no me saques el camión de la finca, que me cago en Dios si te lo llevas que juro por mis muertos que no vas a saber dónde esconderte, y Basilio le decía que no, que no sacaría el camión de su terreno, y gracias don Belando, que sabe usted que no tengo sitio donde dormir y bla, bla, bla. Así fue como en 7 años Basilio recorrió España y Europa, hizo de su cabina un hogar y habló y folló con muchas putas.
Era un buen muchacho que no había tenido suerte hasta ese día, en el que en una venta de Pozo Cañada, compró el 01969 y todo cambió. Si hubiera sido otra persona se lo hubiese juergueado sin pensarlo pero Basilio sabía que ese dinero venía a cambiarle la vida: se compró un camión; uno con la cabina roja y la cisterna plateada que sería el buque insignia de la empresa Transportes Basilio y una Canon profesional, la F-1N, para fotografiar “cosas bonitas”, como decía él.
Se casó con “La Chama”, una puta del Gino’s de Puerto Lumbreras. En realidad se llamaba Lupe pero para compañeras y clientes siempre fue “ La Chamaquita”, “ La Chama”.
Fue una buena esposa pero nunca se sacó la espinita del Gino’s y de vez en cuando se follaba a algún tipo, pero nadie que tú conoces, mi amor, le decía a Basilio cuando los rumores se tomaban un carajillo en el bar con el marido cornudo.
—Sacarse de ser puta es muy jodido, jefe.
—Mientras me lo siga contando no son cuernos.
Una mañana de mediados de julio, tomando un café en un bar de Almagro, Basilio vio a una mujer cerca de su camión. Era alta, llevaba un vestido de tirantes de color negro y miraba la cisterna, fijamente.
Echó mano a su Canon y disparó porque el azul del cielo manchego, el plata del camión y la figura en negro de esa chica, que rozaba con una mano la barriga de la cisterna, le pareció algo bonito. Se olvidaría de aquella foto porque todavía le quedaban dos años de felicidad.

Chelo.

…querer bonito no es buen negocio…

No para ella, desde luego, que se pasó sus primeros 35 años buscando cariño en diques secos.
Chelo era un imán para los egoístas sin corazón y ella se desangraba en cada uno de ellos y los llenaba de amor y cada vez más flaca, la pobre porque a ella solo le daban trocitos de amor duro.
Recién salía de su último drama cuando esa mañana de julio se vio reflejada en la cisterna brillante de un camión. Alcanzó a tocar su imagen distorsionada y no pudo evitar recordar los espejos de Max Estrella. Lloró o creyó hacerlo porque el calor de La Mancha secó esas gotitas de pena.
Decidió que la semana siguiente, en cuanto terminaran las funciones del festival, se cortaría el pelo.

Basilio y Chelo.

…no es pasear si se camina en paralelo…

A la Chama se la llevó un cáncer de útero sin apenas darle tiempo a Basilio a odiar los pasillos del hospital y lo dejó sentado en los bares, lleno de alcohol y de penas.
Los calendarios llenos tetas y culos, de las mejores, ¿eh, Basilio?, que le preparaban cada noviembre en Imprenta Gómez y que recibían trabajadores y clientes entre bufidos y codazos, no se pidieron el 3 de noviembre, como siempre, ese año oscuro.
Un día, martirizándose con las fotos de su pasado feliz, topó con la foto de Almagro y no lo pensó dos veces.
—Andrés, ¿estamos a tiempo de sacar calendarios?
—Vamos justos, pero vale, ¿te busco yo las fotos?
—No, te mando yo una.
El 8 de diciembre se imprimieron 269 calendarios con la foto de Chelo.

Basilio siempre pensó en esa mujer como un hada que desde una foto lo había rescatado del Licor 43 a las 10 de la mañana.
Hace 2 años, el coche de Chelo la dejó tirada en Ponferrada.
Cuando llegó al taller, se descubrió en el pasado de un calendario de 1999 de una empresa, “Transportes Basilio”.
—¿Puedo llevarme ese calendario?
—¿Cuál?
—El viejo, el del 99.
—Ah, sí, ni me acordaba que seguía allí. Tome.

Los domingos de soledad, que son todos, Chelo soñará con un fotógrafo sensible que la inmortalizó en Almagro.

 

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