La Biblia del diablo – @GraceKlimt

GraceKlimt @GraceKlimt, krakens y sirenas, Perspectivas

“Un día volverás a irrumpir igual que ahora, yo alzaré la vista sin sospechar nada, me clavarás un puñal en el corazón y lo último que diré será: -¿Tu quoque?-“

Richard Dübell -La biblia del diablo-


Lo que pasa es que te quiero mogollón, hijo de puta-.

Se lo dije así, porque un mogollón siempre le quita hierro a esas verdades que tanto asustan, y porque todos sabemos, además, que ante un hijo de puta o mueres, o matas.

O porque estaba al borde del pánico también, con las taquicardias propias de los momentos estelares en los que sabes que, igual la vida no, pero la dignidad te la estás jugando toda al 13 rojo.

Hubiese preferido plantarme ante él con un par de alas blancas impresionantes, y que al elevar la vista creyese que veía algún tipo de aparición divina. Una suerte de ángel alucinante, supongo. Un hada. Una musa. No sé.

Pero no soy más que una simple mortal, con sus miedos y sus demonios y sus fantasmas y sus dramas cotidianos en forma de angustias y miedos y temores, y su rímel tembloroso en la mano izquierda intentando maquillar una mirada de infarto para camuflar eso que aletea en mi tripa al pensar en él.

Mariposas, dicen los poetas.
El puto infierno si no me mira, creo yo.

El diablo se descojona, lo sabéis, lo sé, se está poniendo un ron con cola y moviendo el rabo divertido mientras reescribe sus propios mandamientos.

Temerás a dios sobre todas las cosas“.
Y oye, aquí estoy, muerta de miedo.

Diciendo tonterías a esos ojos que están mirando mis malditas pecas de la nariz, y a esas manos que joder cómo acarician las cuerdas de la guitarra que ojalá fuesen mis costillas, y a esa lengua que juraría que acaba de chasquear mientras yo ya me la imagino recorriendo con delicadeza mis labios, y a esa boca que es mi religión.

Todo pasa a cámara lenta, los segundos convirtiéndose en eternidad, arrastrando el mundo como un pequeño caracol que se desliza zigzagueando perezoso sobre cada uno de los poros de mi piel.

Mi temblor imperceptible, su mirada impenetrable, un ligero aleteo en mi sonrisa insolente, un leve brillo en su pupila ineludible.

El universo se detiene, ahora somos dioses y demonios, somos el bien y el mal, somos la salvación y la perdición, somos el nacimiento y la muerte, somos el inicio y el fin.

Somos nuestra propia biblia.
Y yo, me vuelvo creyente por un instante y juro sobre ella todo lo que haga falta.

 

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