Kryptonita – @smokatze

dkys colaboraciones Improvisando letras, Retos

Si le hubiesen preguntado cuál era su súper poder, habría tenido serias dudas para decir solamente uno. Eran muchos y diversos: era capaz de llegar a tiempo a todos sitios, de plegar el espacio para estar en todas partes, ralentizaba los segundos, tenía un método para curar heridas, solucionaba problemas y siempre estaba preparado para ayudar.

Era un superhéroe sin capa, sin letras chillonas, sin escudos ni martillos. No necesitaba disfraz, porque tampoco tenía dos identidades. Al principio lo intentó, pero la transformación era una pérdida de tiempo.
Tiempo. Su némesis, su mayor enemigo. No perdía la batalla con el supervillano simplemente porque no dejaba nunca de luchar contra él.
Pero como todo héroe, tenía su kryptonita. Y la tenía en su propia casa. El Tiempo le tendió una trampa; se la envió por mensajería, envuelta en preciosos lazos y un fantástico e hipnotizador papel de regalo. Poco tiempo pasó desde que desenvolvió aquel brillante regalo hasta que descubrió que anulaba su fuerza, y le volvía inseguro.
Le afectaba tanto que no podía acercarse a ella para empujarla fuera de su vida, y la Kryptonita campaba por su hogar, se hizo dueña de su tiempo libre y su voluntad. Lo aterrorizaba.
Un día, el Tiempo le contó a la Kryptonita los planes de nuestro superhéroe para deshacerse de ella y la respuesta fue contundente. Le prometió el más preciado regalo, el más ansiado, a cambio de no alejarse: garantizarle tiempo de existencia más allá de su muerte. Él consintió.
Ahora ha perdido gran parte de sus superpoderes. Ya no pliega el espacio, ni es el demiurgo de ningún universo, no cura, y sólo ayuda si se le pide. Lamenta haberse rendido, odia al Tiempo, maldice a la Kryptonita, pero permanece junto a ella, esperando el ansiado regalo al que ya ha puesto nombre.
En alguna parte, Robin intenta alimentar la esperanza de que algún día volverá.