Justificando mentiras con alguna verdad – @anissette

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© Paulina Wydrzyńska.

Ningún mar en calma hizo experto a un marinero…

 

Canta Bunbury a lo lejos, para recordarme que el dolor también puede ser bello, que cuando te visita sólo hace falta acariciarlo, sonreírle y explicarle que todo va a estar bien. Mentiras piadosas.

Quizás olvide el dolor con el tiempo, me repito una y otra vez. Pero el tiempo no cura, es la medicina, y sabio es quien deja pasar el tiempo como vacuna o infusión medicinal. Sin embargo, cuando el alma enferma, el dolor se hace eterno, el tiempo nos miente cada vez que puede haciéndonos creer que él es nuestra única salida. Mentiras y más mentiras que justificamos con alguna verdad. ¿Engaños fortuitos? No quiero investigar. Lo cierto es que a un corazón roto, lo único que le cura, es el amor propio y la esperanza de saberse completo. Más un poco de mar, en donde nuestras emociones se quedan desbaratadas entre las olas que dejamos pasar…

A veces uno quiere seguir atrapado en su propio bote salvavidas, acurrucado esperando a que la próxima ola nos termine de tumbar. Y nos quedamos allí, inertes, esperando a que suceda.

Y no sucede.

Porque la tormenta decide por nosotros. Algunas veces debemos dejar de remar y confiar a dónde nos llevará la corriente del océano. Mientras más lejos, mejor, sin resistirse. Hay batallas que se libran en el desierto, y otras que se ganan en mar abierto, entre los golpes de la sal y la agresividad del sol. Y está bien.

Ningún mar en calma hizo experto a un marinero,

el mar cura lo que el tiempo no.

 

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