Juicios públicos – @DonCorleoneLaws

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No hace mucho que hablaba con un amigo recientemente divorciado sobre su estado de ánimo. Me reconocía estar saliendo del bache aunque manifestaba con mucha tristeza en los ojos que no esperaba el linchamiento público al que estaba siendo sometido por parte de sus propios “conocidos” y de su ex “familia” política. Es real que, en muchas ocasiones, -si las personas que se divorcian son razonables y de buen fondo- puede llegar a ser más dañino el entorno que rodea al trámite que lo que realmente concierne a los propios afectados.

Con la paz interior que ya te otorga el haber superado esa fase hace años no pude decirle otra cosa que no fuera un “te entiendo perfectamente”. El ser humano es capaz de lo mejor y también de lo peor. Normalmente somos capaces de lo mejor cuando todo va bien: serlo en momentos de flaqueza se convierte en algo tan extraordinario que no lo olvidamos nunca. Jamás se olvida a quien te ayudó cuando otros muchos te ninguneaban. Es al torcerse el camino cuando uno descubre a los verdaderos amigos para toda la vida y también a aquellos de los que no debe fiarse: a los lobos escondidos bajo pieles de cordero, a los cobardes atrincherados esperando a que otros se inmolen por ellos para acabar sumándose al bando vencedor, y a los miserables oportunistas que -como carroñeros- aguardaban a que cayera la presa al suelo para despedazarla.

En el fondo somos animales –unos pensantes, otros no tanto- y lo acabamos demostrando. No sólo hay quienes tienen la osadía de opinar sobre lo que pasa en el interior de otra casa (normalmente basándose en intuiciones propias o en una única versión parcial de los hechos) sino que, además, con tanta impunidad como indecencia se atreven a manifestarlo públicamente para generar o condicionar estados de opinión colectivos. Y eso –por mucho que se intente minimizar- suele doler bastante a los afectados. Hay gente que no permite hablar de su vida pero disfruta comentando la de los demás con total desconocimiento. Si bien -prácticamente todos- los que así lo eligieron fueron capaces de casarse contentos y de mutuo acuerdo, también pueden divorciarse manteniendo una relación adecuadamente civilizada con sus ex parejas, y eso es algo que no se concibe en según qué mentes viciadas.

Y aunque encontrarse en una circunstancia así ayuda bastante a limpiar la agenda de parásitos, rémoras, chismosos y malas personas, también es cierto que -según sea la fortaleza anímica y psíquica de la persona objeto de enjuiciamiento- se llega a pasar muy mal.

Hay quienes no terminan de superar nunca la decepción de comprobar cómo individuos a los que se trató siempre con generosidad ahora incluso les retiran el saludo, y por el contrario, también hay quienes utilizan el desdén y la mala leche ajena para fabricarse los suyos propios haciéndose más fuertes a la par que más desconfiados.

La realidad es que vivimos enfrascados en una dinámica social donde predomina muchísimo la hipocresía generalizada, y hay que ser muy preclaro con la intuición para darse cuenta de quiénes nos odian silenciosamente guardando bajo la túnica sus afilados cuchillos para rematarnos cuando hayamos recibido la primera puñalada al más puro estilo de la roma imperial. “Homo homini lupus” (el hombre es un lobo para el hombre).

Hay tanta hiena que nos ríe los chistes y bebe copas con nosotros de forma aparentemente normal que al final la confianza termina haciéndonos creer que son inofensivos, pero no adivinamos el hambre de carne podrida que tienen en sus desagradecidos estómagos.

Todos somos susceptibles de fallar en un proyecto común porque no sólo cambian las circunstancias: también cambiamos las personas. En ocasiones se acaba simplemente el amor. Otras veces terminan ocurriendo cosas que dinamitan convivencias ya tocadas de muerte haciendo insostenible el seguir adelante. Pero, en cualquier caso, son tan íntimas, privadas y personales, que jamás deberíamos dar nuestra pública opinión sobre ellas sin saber lo que estamos diciendo, porque debajo de una casa que amenaza con derrumbase normalmente hay adultos sufriendo e incluso niños que verán alteradas sus vidas. Y no somos nadie -absolutamente nadie- para añadir más dolor al que cada cual llevará ya por dentro.

Sé que esa tristeza honda que transmitían los ojos de mi amigo terminará pasando. Sé que hay luz al final del oscuro túnel por el que ahora transita sin rumbo y con sus cosas empaquetadas en cajas. Y sé que cuando más parece apretar la soga puede acabar llegando la absolución del reo, pero que no se equivoquen las lenguas viperinas: no son ellas quienes tienen que realizar juicios públicos sobre la vida privada de nadie para que se salve o no lo haga.

Debemos tener el corazón más generoso y ser mejores personas, porque nunca se terminan de saber las reales circunstancias de los demás y tampoco sabemos cuándo nos puede tocar a nosotros. No hay vidas ejemplares, por mucho que algunos intenten aparentarlas. Tenemos que ir más de frente y respetar mucho más la privacidad ajena, pero claro: para eso también hay que ser objetivos y poseer valores como la discreción, la templanza, la misericordia o la prudencia, y todo eso está en serias vías de extinción.

P.D. Toda mi fuerza y comprensión hacia aquellas personas que se encuentran en trámites de divorcio. Entiendo bien el desánimo, la desorientación, la incertidumbre y la tristeza que da ver cómo llegan los buitres a picar el cadáver, pero tan cierto es que todos somos susceptibles de equivocarnos como que nadie está realmente muerto hasta que se le para definitivamente el pulso. Tóquense el pecho y notarán como aún les palpita el corazón.

 

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