Si juegas no quiero perder – @J_eSeKa + @GraceKlimt

@J-eSeKa @GraceKlimt, @J_eSeKa, krakens y sirenas, Perspectivas

∼BALADA TRISTE DE POETAS∼

El fin siempre justifica los medios. Y créannos, hay medios que, por poco apropiados que parezcan, son mucho más dignos que las personas que los reciben. Aquí no se trata de juzgarnos, sino de que se unan y gocen con el final que tenemos preparado -Rebeca y yo- a esta pareja, tan estúpida y engreída como de malos escritores y poetas, que nos han invitado a cenar a su casa; para, y cito con palabras textuales, «conocer mejor a las viejas estrellas de la literatura«. 31 de octubre, nos presentamos caracterizados de Poe y Hannibal Lecter a su cena de Halloween -su última cena de Halloween, mejor dicho- y este par de pececillos incautos piensan que lo hemos hecho para ofrecerles el hermoso detalle de cenar con “sus dos grandes fuentes de inspiración literaria”. Y no, los reyes del estanque solo se visten de gala para celebrar grandes ocasiones.

—Parece que la escopolamina ya les ha hecho efecto, ¿te apetece desnudarlos antes de atarlos, Lady Hannibal?

 

∼EL AMOR EN LOS TIEMPOS DE LA CÓLERA∼

Estuvimos de acuerdo desde el primer momento. Esa nueva pareja de juntaletras de medio pelo no tenía ni idea de lo que era ser escritor. Mucho menos de quiénes podíamos llegar a ser nosotros, más allá del folio, la pluma, y las letras. No hizo falta más que una mirada mientras compartíamos unas copas en el garito de moda, para que ambos -Raúl y yo- supiésemos cómo queríamos que este pequeño cuento terminase. Nada de perdices, queridos. Al menos para ellos. Mi querido Poe ha dado en el clavo con los disfraces, y la droga. He sentido el terror en los ojos de nuestros protagonistas principales, y una oleada de excitación me recorre el cuerpo. Los quiero desnudos, por supuesto que sí, pero quiero que lo hagan ellos. Una obra maestra de final de éxtasis exige una puesta en escena a la altura. Sonrío, y me relamo, adoro mi papel.

—Que se desnuden ellos, mutuamente, y se aten después, ¿no crees, Lord Edgar?

 

∼50 SOMBRAS DE DESGARRO∼

Esto podríamos ejecutarlo de dos formas. ¡Zas! Un corte en el cuello o una puñalada en el corazón: un golpe de muerte preciso. Un verso profundo y perfecto que degüelle al lector como una puñalada que atraviesa de pecho a espalda. O segunda: un relato minucioso y detallado en el que, Rebeca y yo, nos recreamos en la escena. Me fascina realizar incisiones lentas y poco profundas desde las ingles hasta las rodillas. La carne, tensa, se desgarra, abriéndose lentamente como una flor. Es bello. Ella grita menos que él, eso me asombra. En el libro que los llevó al estrellato: 50 cicatrices de placer, él presumía de ser un amo insensible. Un tipo impasible ante el dolor que infringía a su sumisa. De momento, este gilipollas, lleva 3 largas incisiones en cada una de sus piernas. Aún no da señales de estar disfrutando el momento.

—Me fastidia tener que manchar de sangre nuestros trajes, pero creo conveniente concederles el honor de morir a manos de sus maestros, ¿no le parece, mi amada Lecter?

 

∼ABIERTO HASTA EL CREPÚSCULO∼

La sangre brilla, como un sendero parpadeante, como los luminosos de Times Square, como la promesa del paraíso. No sé si conocéis el golpeteo rítmico de la sangre, el sonido de tambores, la vida latiendo sin fin. Y su color. Púrpura. Explosivo. Vibrante. Y su sabor. Dulce. Fuerte. Metálico. Mis ojos no pueden dejar de recorrer una y otra y otra y otra vez y mil veces más cada una de las líneas de vida que, Raúl y yo, hemos querido regalarles. Porque morir nos convierte en inmortales. Y la propia muerte sólo es un pequeño precio que pagar por permanecer. Se lo explico con mi mirada mientras me acerco, hipnotizada. Parecen no entenderlo, porque gritan de nuevo. Sus músculos se tensan y la sangre brota más fuerte. La imagen me maravilla. Me detengo ante él. Mi lengua recoge ansiosa la sangre que gotea. Él grita enloquecido. Ella enmudece.

—Adoro el sabor de la vida derramándose, demostrando que siempre la realidad supera a la ficción, ¿no lo cree así, mi encantador Poe?

 

∼TRATO CANÍBAL

—Por supuesto, mi dulce Hannibal. La ficción carece del vértigo y frenesí que provoca la psicosis, y no hay realidad más cruel que la trastocada.

“Si juegas, no quiero perder” nos prometimos. Escribir juntos, los viajes de un año para documentarnos, la firma de libros, recitales, las judías de su madre, hacer de jurados en grandes premios literarios, los programas de radio y TV, nuestra majestuosa casa, las opulentas fiestas… es lo que nos mantiene unidos a Rebeca y a mí. Es el jugar y no perder lo que nos incita a admirarnos, a sentir una devoción incandescente, a amarnos como única oración para nuestras vidas. Entregarnos incondicionalmente en nuestros juegos. No somos asesinos en serie. Somo asesinos en serio. Nadie ofrece el respeto y solemnidad que nosotros concedemos a nuestras víctimas. Quién, sino nosotros, brinda a sus agonizantes víctimas la ocasión de gozar con un verdadero acto de amor puro e incondicional, asistiendo al espectáculo de vernos a Rebeca y a mí follar de forma salvaje y pasional antes de acabar definitivamente con sus vidas. Pero antes del final, a este par de miserables les dispensaremos la oportunidad de darse una última prueba de amor. Es Halloween, y a estas alturas de la noche ya no caben trucos, así que merecen despedirse mutuamente con un dulce que seguro habrán degustado muchas veces.

—Mi adorable Hannibal ¿le parece bien el trato de que usted seccione y haga engullir los genitales del caballero a la señora, mientras yo hago lo propio con él y los pezones y el clítoris de su amada?

 

∼EL SILENCIO DE LOS MUERTOS∼

—No se me ocurre mejor acuerdo, mi querido Edgar, ¿bisturí de disección y delicadeza, o lo hacemos a lo grande, con los machetes?

No sé si habéis llegado a tocar el cielo en pleno orgasmo. No os hablamos de sexo. No sólo os hablamos de sexo. Es saberse ganadores, juntos, intocables, invencibles. La Reina de Corazones decidiendo a quien cortar la cabeza con un simple movimiento de la mano. Y el brazo ejecutor. Ejecutar. Hacer cumplir. Conseguir que entiendan. Cuando ya sólo queda un último aliento que no consigue llenar los pulmones. Que comprendan el por qué. Que al fin abran los ojos y vean la verdad. Que la luz les ilumine y les ciegue. Que se sientan afortunados de formar parte de nuestra gran obra. La obra maestra que juntos hemos ido escribiendo, a golpe de sangre y muerte, para darnos la vida eterna a Raúl y a mí. La elección es clara. El machete relampaguea en alto. La música del equipo de última generación del salón de nuestros protagonistas estalla con el lamento de «Claro de Luna», maravillosa casualidad. Bajo el brazo, no hay titubeo. El universo aplaude. Ellos tragan y mueren, yo relamo el filo una vez más.

—Fantástica ejecución de Beethoven, nada que envidiar a la nuestra, ¿no cree, mi adorado Poe?

-FIN-

PD: La poesía está al alcance de imbéciles capaces de afear el mundo con ella, es la justicia poética la que debe mancharse las manos de sangre para que ninguna rosa crezca sobre un tallo con espinas.

Fdo: Rebeca “Lecter” y Raúl “Poe”.

 

Visita los perfiles de @J_eSeKa y de @GraceKlimt